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lunes, 6 de enero de 2020

NUESTRA RESPONSABILIDAD

 
   Uno de los tantos dones que Dios entregó a los “llamados” (Mt.24.14) y por el que obviamente tendrán que responder es el desempeño de puestos de liderazgo. Tal vez muchos de ellos ya han leído y meditado acerca del capítulo 34 del libro de Ezequiel, y de lo que el apóstol Pablo dijo en Mileto antes de su final despedida a los líderes de esa iglesia (Hch.20.17-35), y evitar entonces ser tenidos como aquellos mercaderes de la fe que toman la piedad como fuente de ganancia. (Tit. 1.11).
  
   El gozo de quienes trabajemos en la “viña del Señor” (Reino de Dios), para lograr su establecimiento real y pleno en este desventurado y desenfrenado mundo, será infinito, aunque tengamos que renunciar a toda pretensión egoísta de enriquecimiento individual, al uso indebido de poder, y a los deseos de prestigio personal (Mt 6.13).
  
   Recordar, además, que  “Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes.  Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.” (Lc. 12.47-48)

lunes, 16 de diciembre de 2019

AGENTE ACTIVO DE CRECIMIENTO DEL REINO


     Jesucristo “se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras”. (Tit.2.14). Este pueblo especial que vive bajo el régimen del gobierno divino es el encargado de anunciar sus virtudes. La Biblia declara: “Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” (2-P.2.9).
    
    Desafortunadamente, la franca rebeldía o la indolente indiferencia a la voluntad de Jesucristo, tratan de hacer que la gloria de Dios en su pueblo sea una simple quimera. Pero el sacrificio del bendito Cordero, no será en vano, porque estas Escrituras Sagradas no son retórica barata para soñar con imposibles.
   
     Dice el Señor: “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” (Is.55.10-11) El Cordero de Dios ya hizo su obra. Él mismo dijo: “(Padre), yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora, pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” (Jn.17.4-5).
    
      Hebreos 10.12-13 declara: “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies.”
  
     En este punto, nos preguntamos: ¿Cómo, si Jesús ya hizo lo que tenía que hacer, y está ahora sentado junto a su Padre esperando a que sus enemigos sean sometidos, cómo, pues, se desarrollará la soberanía real e efectiva de su Reino, aquí entre nosotros?
    
     Esto lo entenderemos cuando nos percatemos de la veracidad de las siguiente Escrituras: “…En los postreros días, dice el Señor, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne…y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” (Hch.2.17, 21); “…recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hch.1.8); “y Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” (Hch.2.38-39)
     
      Entonces, podemos así comprender que es el Espíritu Santo en nosotros y a través de nosotros, el que está encargado de hacer la obra. “Porque todas las promesa de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios” (2-Co.1.20).
   
     Leamos con detenimiento la parábola de las diez (Lc.17.11-27)  minas para entender mejor esta buena noticia, “para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo que excede a todo entendimiento, y seáis llenos de la plenitud de Dios, Y a aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos,  según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la Iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos, amén.” (Ef.3.17-21).
  
     Tengamos conciencia de nuestra responsabilidad en el manejo de los dones y talentos que el mismo Salvador nos proveyó para participar de su Obra. Como colaboradores de Dios, debemos trabajar para su Reino, (1-Co.3.9; Col.4.11). Los resultados de la soberanía del Reino o gobierno  de Dios, entre nosotros, se harán evidentes aquí, en su actual etapa de crecimiento, y mucho más en su plenitud, cuando el Ungido “entregue el reino el Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies”. (1-Co.15.24-25).

domingo, 8 de diciembre de 2019

EL REINO DE DIOS, ¿UN ESTADO EMOCIONAL?

 
 Es incoherente la aseveración de los que arguyen que el Reino de Dios es tan solo un estado emocional. Jesús dijo a los fariseos unas palabras que algunas versiones de la Biblia traducen así: “El reino de Dios está dentro de vosotros” (Lc. 17.21, Nacar- Colunga). ¿Quiso decir Jesús que el Reino de Dios estaba en el corazón inicuo de aquellos hombres corruptos, a quienes él mismo había tratado de rapaces, malos y necios? Ciertamente que no. (Lc.11.39-40) Una traducción más exacta del griego original, es: “El reino de Dios está entre vosotros” (versión Reina-Valera). De manera que Jesús, que estaba en medio de ellos, hacía referencia a sí mismo en su función de rey. La cobertura del Reino de Dios no es solo interna e individual, sino externa y social, comenzando por el mismo núcleo familiar.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

MANIFIESTO CELESTIAL


SIETE VERDADES BÁSICAS
DE LOS
PARTICIPANTES EN EL REINO DE DIOS

1)   .La Iglesia es el conjunto de todos los creyentes en Cristo Jesús alrededor del mundo.
2 La gente que conforma la Iglesia constituye la santa nación, el pueblo adquirido por Dios para que anuncie sus virtudes, (1-P.2.9).

3.En el gobierno de Dios, Jesucristo es el Rey, y ejerce la soberanía de su reino en su propio pueblo, a través de su Palabra, el Espíritu Santo, y sus ángeles.

4. Aunque la “cizaña” está infiltrada en el Reino de Dios, este se halla en crecimiento por la obra que ejecuta el Espíritu Santo en y con los creyentes, hasta que al final de los tiempos nuestro Salvador aparte y eche fuera a “ los hijos del malo”, y él, en persona, nos haga entrega formal de su Reino en plenitud.

5.Los reinos o gobiernos del mundo NO HACEN PARTE DEL REINO DE DIOS, él los permite pero no los comparte, pues la Biblia nos enseña claramente que “ el mundo entero está bajo el maligno” ( 1- Jn.5.19), ya que la gente común permanece “siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia mí”.  ( Jn. 14.30). “( Ef 2.2). El mismo Jesús declaró: “No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.


6. El verdadero Pueblo de Dios debe obedecer el mandamiento de NO tener compromisos de asociación con las gentes del mundo, porque la Biblia dice: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿Qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?... ¿ O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿ Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré a vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso ( 2 Co 6.14-18).

7.Los Cristianos se deben asociar entre sí en todo lo que la vida humana requiere, para que integrados como los miembros del mismísimo cuerpo de Cristo puedan hacer evidente la justicia del Reino de Dios, que inspirada por el amor, busca llenar todas nuestras expectativas de una vida plena y abundante, tal como lo desea nuestro Salvador (Jn. 10.10), libre de miserias e injusticias, pero sí con mucha gratitud hacia nuestro Señor y Rey por su maravilloso plan de salvación para la Humanidad.

viernes, 11 de octubre de 2019

EL MEJOR GOBIERNO

 
¿Sabe Usted cuál es el sistema de gobierno más completo y lleno de posibilidades que existe para ponerle fin a las injusticias y al sufrimiento?  Pues verá.
    
   El conocimiento de este sistema era un secreto comprendido por unos pocos. Con el tiempo sus misterios se han ido develando, principalmente a aquellos que se desatan de las ligaduras esclavizantes de los ineficaces ritualismos religiosos. Este gran proyecto ya está en acción.
    
   Muchos, sin saberlo, hacen parte de él  consciente y positivamente. Otros, sin embargo, son adversarios de él. Lo estorban, lo desprestigian, o disuaden a la gente para que no piensen en él como algo real y vigente.
   
    Este sistema es denominado “Reino de Dios”. Su liderazgo está en manos de Jesucristo, el Rey salvador, quien ofrece perdón de pecados por los méritos de su martirio, y por su nombre es otorgado gratuitamente el don del Espíritu Santo  para vivir una vida nueva y plena dentro de su propio pueblo, su santa nación, nación esta que no rehúye las realidades humanas, pero que se integra a ellas sin perder su identidad.
   
   Para lograrlo se organiza, practica y defiende sus propios valores tales como la santidad, la solidaridad y la igualdad, entre otros. Su historia, valores, directrices y perspectivas están plasmadas en el libro más importante del Universo: la Santa Biblia.

viernes, 4 de octubre de 2019

OBSTRUYENDO EL REINO DE DIOS

   El opositor de nuestro Padre Celestial sabe que no podrá destruir este reino pero sí podrá obstruir su crecimiento negando o desvirtuando su realidad (Hch 13.-6-10).

Una de las muchas formas de hacerlo es sembrar en la mente de muchos creyentes, argumentos incoherentes y pueriles, “que se levantan contra el conocimiento de Dios” ( 2 Co 10.5)

 Pueril, por ejemplo, es el argumento de aquellos que sostienen el mismo Señor Jesucristo es a la vez un rey y un reino. Es como si una persona pudiera ser ella misma un país del cual fuera su presidente.

 Estamos tan acostumbrados a las fantasías religiosas, nacidas del temor, la ignorancia y las pasiones, que tendemos a alejarnos de lo razonable y se nos hace a veces difícil hacer las reflexiones realistas más elementales. Ni Jesucristo ni la Iglesia es el reino de Dios. Jesús es el rey. La Iglesia es el conjunto de personas en las cuales y a través de las cuales él quiere ejercer la soberanía de su gobierno.
  

lunes, 23 de septiembre de 2019

DEBEMOS VENCER...PERO PACÍFICAMENTE

 
     La no violencia no es lo mismos que la resignación pasiva ante los agentes perturbadores de la paz. La no violencia es el arte de ganar la guerra por medios pacíficos, “con armas de justicia a diestra y a siniestra”, como lo proclama las Sagradas Escrituras Cristianas, (2-Co.6.7).
   
 “Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño, porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las obras de la luz, (Ro.13.11-12).
    
Así como el Cordero de Dios “salió venciendo y para vencer”,(Ap.6.2), así los cristianos debemos unirnos y organizarnos, para que Dios, por medio de su Espíritu, quien es el que en nosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad, (Fil.2.13), nos dé la victoria que produce la soberanía de su gobierno en nosotros, como la comunidad de su pueblo que somos.
   
     El gran Libertador de nuestras almas dijo lo siguiente: “He aquí, yo os envío como ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas” (Mt.10.16). De tal manera que la humildad y la prudencia son dos de las “armas de la luz” de que disponemos.
   
    El apóstol Pablo complementa: “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra carne y sangre, sino principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes, (Ef.6.11-12).
   
    Pero, “Quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?  Más también, si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad al Señor vuestro Dios en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo aquel que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros, teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo” (1-P.3.13-16).
  
   En los primeros tiempos de la Iglesia los cristianos tenían “favor con todo el pueblo” (Hch.2.47). Porque tener “buena conciencia” es tener la satisfacción del deber cumplido, al diseñar, establecer y promover planes, programas y proyectos reales y concretos “para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt.5.16).
  
   “Porque esta es la voluntad de Dios; que haciendo el bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, (por ejemplo indolencia e indiferencia social,  desorganización), sino como siervos de Dios, (1-P.2.15-16).
   
   Vencer sin violencia es, pues, fundamentalmente, crear condiciones de justicia y desarrollo social, para que realmente pueda existir, al menos dentro del pueblo de Dios, paz y gozo en el Espíritu Santo. “Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres. Así que, sigamos lo que contribuye a la paz  y a la mutua edificación”. (Ro.14.17-19)

jueves, 12 de septiembre de 2019

GUERRA SANTA


    Jesucristo dijo: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada”. (Mt.10.34) El apóstol Pablo añade: “Porque el Reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder…” 1-Co.4.20).
    
   El poder del que aquí se habla no es aquel con el que Satanás y sus huestes de maldad nos someten y mortifican,  no.  A lo que Pablo se refiere es a los enormes recursos que nuestro Creador está poniendo a nuestra disposición para que “no seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Ro.12.21). No se trata, pues, de tener una actitud pasiva y resignada ante el mal que nos agobia. Nuestros miembros deben estar al servicio de la justicia (Ro.6.19). La paz es el resultado de ella. Por eso, el Maestro decía: “…buscad primeramente el Reino de Dios, y su justicia, y todas estas cosas (necesidades básicas como alimento, vestido, etc.,) os serán añadidas.”(Mt.6.33).
   
    Si cada uno de nosotros cumple bien sus deberes, como “buen soldado de Jesucristo” (2-Ti.2.3), entonces todos los creyentes estaremos “firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio, y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de Dios.” (Fil.1.27-28).
   
    Los que peleamos “la buena batalla de la fe” (1-Ti.6.12) no utilizamos armas de fuego, corto pulsantes, ni ninguna otra clase de armas materiales, “porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas”; (2-Co.10.4); ni aun debemos tratar de convencer por la fuerza a otras personas de nuestras convicciones, (Mt.10.11-14). Disponemos de medios tan nobles como es la solidaridad.
  
   Todos los cristianos seguramente no estaremos totalmente de acuerdo en muchas cuestiones; pero de seguro creemos que si adoptamos una común actitud frente a muchas cosas que debemos hacer o dejar de hacer, en el disfrute sagrado de la libertad que nos otorga el estado social de derecho en que habitamos, adoptaremos tales actitudes, para mejorar nuestras condiciones de vida, “pues que por esto pagáis también los tributos…” (Ro.13.6).
   
    Un ejemplo palpable de esto es la gran liberación nacional que promovió y obtuvo Mahatma Gandhi, con solo apelar al derecho a la libertad que la Ley le otorgaba para no comprar ciertos artículos que el Imperio Británico ponía a su disposición. Venció el mal con el bien como nos recomienda San Pablo que hagamos los cristianos. Esto haremos cuando despertemos del letargo de la resignación, indiferencia e irresponsabilidad ante lo que el Mesías demanda de nosotros, (Mt.25.34-46; Ef.5.13-17).
    
   Esto no significa que debamos ser empleados del Estado, puesto que tenemos claro que “…al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás”, porque, “dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”, (Lc.4.8). Como ciudadanos que pagamos impuestos nos asisten derechos que pueden convertirse en herramientas útiles, para que a través de actos colectivos (de la Iglesia) podamos enaltecer a nuestro sublime Rey Salvador y su maravilloso Reino que entre nosotros se desarrolla y crece como un gran árbol, en que los maltratados y desprotegidos del mundo puedan habitar seguros al abrigo de sus ramas. (Mt.13.31-32)


viernes, 9 de agosto de 2019

LA GRACIA DE DIOS NO SE PUEDE COMPRAR

 
   A alguien le fue dicho: “Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en  este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, se quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura  y en prisión de maldad veo que estás” (Hch.8.20-23)
  
  Estas palabras las dirigió el apóstol Pablo a un personaje que había sido un experto manipulador de la ignorancia de las gentes, un manipulador de profesión valiéndose de ciertos conocimientos de magia que poseía.
    
   Ahora, después de haber manifestado arrepentimiento y deseos de cambio, ayudaba a Pablo en la divulgación del evangelio del Reino de Dios. A pesar de tan grande puesto de liderazgo seguía creyendo que los favores de nuestro Salvador se pueden comprar.
  
  Este mismo concepto-sentimiento hoy en día es explotado por algunos “simones”; no porque ellos así lo crean, pero así lo hacen creer a las masas moldeables de personas, siendo las más vulnerables aquellas interesadas más en sus egoístas pretensiones personales que en los planes que Dios tiene para liberar a la Humanidad de la corrupción que hay en el mundo (2-P.1.4)
    
   La buena noticia de que el Reino de Dios, en su actual etapa de desarrollo, está vigente entre nosotros, señala que nuestro Creador desea la prosperidad para todo su pueblo, y no para unos cuantos, porque el mismo Espíritu de Dios que habita en nosotros ha de impulsarnos a la solidaridad, a la ayuda mutua organizada. “Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.” (Ro.14.19).

martes, 30 de julio de 2019

ESTO ES LO MÁS IMPORTANTE

 
   El pueblo de Dios es una santa nación llamada a estar tan integrada como los miembros de un mismo cuerpo. La solidaridad debe obrar a causa de que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones (Ro.5.5),  y no por intereses vanos o egoístas.
   
   En este sentido se nos dice que  “si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve”(1-Co.13.3). Nuestra solidaridad, como participantes del Reino de Dios debe ser prioritariamente con nuestra familia en la fe. “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gá.6.10). Porque…”No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos” (Mt.15.26).
   
    Examinemos lo que nos instruyó el Maestro: “Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?  Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? (Mt.5.46-47). Pero el hecho de amar a extraños y enemigos no significa que dejemos a nuestros hermanos en un segundo plano. El  2-Cr. 19.1-2 leemos: “Josafat rey de Judá volvió en paz a su casa en Jerusalén.  Y le salió al encuentro el vidente Jehú hijo de Hanani, y dijo al rey Josafat: ¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová? Pues ha salido de la presencia de Jehová ira contra ti por esto”.
    
   San Juan dice: “Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos,  los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje.  Porque ellos salieron por amor del nombre de Él, sin aceptar nada de los gentiles.  Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperemos con la verdad”.
    
   Cuando Jesús se manifieste como juez cuestionará lo que se hizo o dejó de hacer a “sus hermanos más pequeños” (Mt.25.40, 45). Y, ¿quiénes son los hermanos de Jesús? La misma Palabra nos responde: “Entonces su madre y sus hermanos vinieron a él; pero no podían llegar hasta él por causa de la multitud. Y se le avisó, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.  Él entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen” (Lc. 8.19-21.
    
      Una de las promesas de nuestro Salvador es que no perderemos la recompensa  ni aún por un vaso de agua que le demos a alguien por el hecho de ser “hermano” o “discípulo” de Cristo. Así que, si queremos tener grandes “tesoros en el cielo” (Mt.6.19-21) organicémonos para que nos podamos servir mutuamente. El disfrute será no solo después del pleno establecimiento del Reino de Dios sobre la tierra, sino desde ahora; porque los principios que dan vida e identidad a la santa nación de Dios (1P.2.9) nos permitirán vivir la vida abundante, juntos y en armonía, como nuestro Rey Jesús rogó a su Padre Celestial que le fuera concedido.

viernes, 19 de julio de 2019

¿ACASO ES SUFICIENTE?

 
   No es suficiente para una persona haber sido perdonada de sus pecados, y estar ahora sin vicios y observando una relativa buena conducta. No podríamos verificar los frutos del Espíritu Santo, que habita en nosotros los creyentes ni practicar la justicia del Reino de Dios, viviendo una fe egoísta y mezquina.
   
 Escrito está: “ y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta  y se echa al fuego” (Lc 3.9), por que “ al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Stg 4.17); además, porque “ en esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios” (I Jn 3.10)
  
 Por eso nuestro Señor diseñó la creación de un reino , para que fuera hecha su voluntad aquí en la tierra, como en el cielo (Mt 6.10), pudiendo él ejercer soberanía en su propia nación, pueblo adquirido por él para que anunciemos las virtudes de  “Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable”.(I-P 2.9).

¿ACASO ES SUFICIENTE?

jueves, 11 de julio de 2019

CON LOS PIES BIEN PUESTOS SOBRE LA TIERRA

 
  El Cuerpo de Cristo tiene los pies sobre la tierra.- Estamos tan acostumbrados a  desligar a  Dios de la vida real y humana de su Iglesia, que lo concebimos en nuestros corazones  pero no en la sociedad.
   
    No hablo de la sociedad mundanal, sino  de la de nosotros, la del pueblo de Dios, la santa nación. Mientras no nos integremos no seremos parte real  de su Cuerpo. Al Espíritu se intuye, y se deduce su presencia, pero el Cuerpo ha de ser tangible. Si no hay verdadera unidad no habrá evidencia de que Dios tenga un pueblo propio, una nación entre las naciones, y todo esto no pasaría de ser entretenidas quimeras de la literatura religiosa.
   
    Es nuestro  deber no tener compromisos de asociación con la gente común (2-Co. 6.14-18 y 7.1) , aunque de manera eventual o circunstancial tengamos que juntarnos  con ellos, que no es lo mismo. Pero sí debemos integrarnos a la familia de la fe, para poder demostrarle al mundo que nuestra justicia puede ser superior a la de ellos, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. Demostrarles también que las virtudes del Reino de Dios, en su actual etapa de desarrollo, hacen que sea el sistema de gobierno  más completo y sublime de todos los tiempos.

jueves, 4 de julio de 2019

EL TEMA CENTRAL DE LA BIBLIA

     Es tan supremamente importante el Reino de Dios, en cabeza de nuestro sublime Rey Salvador, Jesucristo, que es el tema central de la Biblia. Quien comprende su valor no escatimará esfuerzos o recursos para invertir en él, a cambio de una vida plena y con propósito, para él, como individuo, y para todo el pueblo de Dios, como comunidad; y no solo en esta vida presente sino por la eternidad (Mt 13.45-46).
   
   Fue lo primero que Juan el Bautista comenzó a pregonar ( El evangelista Mateo lo llama “reino de los cielos”,( cap 3.1-2) El mismo Maestro lo predicó desde un principio (Mt 4.17,23), y hasta después de muerto y resucitado les habló de él (Hch 1.3). Cuando comisionó a los doce discípulos “los envió a predicar el reino de Dios” (Lc 9.1-2). Cuando envió a los otros setenta de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar a donde él debía ir, también les dijo que predicaran el reino de Dios,(Lc10.1-9).
  
   El mismo Mesías dijo: “ Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios, porque para esto he sido enviado” (Lc4.43) En el tiempo de la Iglesia primitiva se predicaba el reino de Dios, (Hch 8.12) Del apóstol Pablo se dice: “ Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada (En Roma), y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimentos” (Hch 28.30-31).

sábado, 22 de junio de 2019

INTACHABLE "CIZAÑA"

  
                      

 Satanás va y viene “como Pedro por su casa” en las mentes de la gente del mundo. Pero lo que le resulta más entretenido e interesante es lograr tener y mantener su dominio en los que invocan el nombre de su enemigo, es decir, de nuestro Salvador Jesucristo, por medios no necesariamente de inmoralidad evidente o repulsiva.
  
 Un cristiano puede tener una vida “intachable”; pero el Diablo estará satisfecho con él mientras sea una vida desperdiciada, inútil para el desarrollo del plan de gobierno divino. El Adversario los convierte, entonces, en “cizaña” dentro del Reino de Dios, y su destino será terrible (Mt.13.40) si no despiertan y recapacitan  a tiempo (Ef.5.14).

Juan el apóstol dice: “Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos…” (3-Jn.5). Efectivamente; la grandeza del cristiano se mide por la magnitud del servicio que presta a la familia de la fe: “Entonces Jesús, llamándolos, dijo: “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mt.20.25-28).
   
 Evitemos, pues, tener vidas de desecho, porque es mejor colaborar con Dios (1-Co.3.9) trabajando para su Reino (Col.4.11), y una de las formas de hacerlo es sirviendo a los “hermanos más pequeños” del Mesías (Mt.25.40,45;Lc.8.20-21). Él quiere que tengamos vidas “abundantes” Jn.10.10), “Porque todas las promesas de Dios son en él, Sí, y en él, Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios” (2-Co.1.20).
  
 Además, recordemos que “cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa”. (Mt.10.42)

También dijo Pablo: “…servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Gá.5.13-14

lunes, 17 de junio de 2019

EL REINO DE DIOS NO ES COMIDA NI BEBIDA



Dicen algunos ¿por qué dice San pablo que el reino de Dios no es comida ni bebida?

Esta expresión del apóstol Pablo la debemos también entender en su contexto. El dice esto en el mismo sentido que una persona dice: “Yo no me llamo un plato de comida”, queriendo dar a entender que ello es muy poco en comparación a otros intereses.

 Aquí esos otros intereses, mucho más importantes, es la justicia, con la cual no solo habrá “comida y bebida” sino muchísimo más; y en consecuencia habrá paz y gozo en el Espíritu Santo.
   
  En otra parte lo dice claramente: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas (comida, vestido, etc) os serán añadidas,” (Mt 6.25-33) Pero estas cosas no vendrán por el mero hecho de buscar, sino como resultado de encontrar la justicia del reino de Dios.
   
   Es como si a alguien se le dijera: “Busca empleo, para que salgas de la pobreza en que te encuentras” Su situación cambiaría no por el hecho de buscar empleo, sino por la compensación a su trabajo.

Esto también lo vemos reflejado en una de las tentaciones que sufrió el Señor Jesús: “Y le llevó  a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo;  porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden;   y,   En las manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra. Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios”
   
Jesús podría bajarse por sus propios medios, de manera que hubiese sido algo así como una necedad recurrir a lo sobrenatural, sin necesidad absoluta. Esto resulta en una situación parecida a los que piensan que por el solo hecho de asistir a una reunión religiosa, o leer  la Biblia, etc., las cosas llegarán como por arte de magia.
   
Afortunadamente, ya está claro para muchos, que Dios hace lo imposible, nosotros lo posible. Y si creemos que el mismo Espíritu de Dios está en nosotros, las cosas pueden ser muchísimo mejor. “Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios” (2-Co.1.20)


sábado, 8 de junio de 2019

MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO

 
   Dirán algunos, ¿A caso no dijo el Mesías que su reino no era de este mundo? Ciertamente; tanto Jesucristo como su reino y sus discípulos no son de este mundo (Jn 17.16; 18.36) Eso no significa que nuestro Salvador y su reino sean imaginarios o que sus discípulos seamos fantasmas o extraterrestres.
    
   En la Biblia la palabra “mundo” tiene varios significados, y según el contexto en el cual se aplica se debe deducir a qué se refiere. Se habla del mundo material creado por Dios, (Jer 10.12); se hace también mención de “mundo” para referirse a la Humanidad, (Jn. 3.16). En ocasiones se dice “mundo” para referirse a los que se oponen a Dios (Jn 14.30; I –Jn 5.19) , o se habla de “mundo” simplemente para diferenciar la vida natural de la espiritual, sin connotaciones positivas o negativas en sí; ( I-Co 7.33).

El Reino de Dios no hace parte de ese mundo pecaminoso que se opone a la voluntad de Dios, y que prefiere vivir a expensas de sus propias habilidades y recursos, pudiéndole dar rienda suelta a sus pasiones, egoísmos y caprichos, sin reconocer ni la personalidad de Dios, ni mucho menos su autoridad como creador del Universo.

   El apóstol Pablo hablándole a quienes sí le reconocen éstos atributos, les dice: “Y él os dio vida a vosotros cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados en los cuales anduvisteis en otro tiempo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia; entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”. (Ef 2.1-3).

   Hay pues, dos grandes opciones para la Humanidad: o vivir bajo la influencia perniciosa de Satanás y de nuestras tendencias destructivas, o bajo la orientación, ayuda y protección del paternal gobierno de Dios.

sábado, 1 de junio de 2019

DEMOSTREMOS GRATITUD


   Nuestro Todopoderoso Creador del Universo pudiera, si lo quisiera, con solo mover un dedo, provocar los hechos más portentosos e inimaginables; incluso haber eliminado al Diablo antes de volverse malo y pervertir a la Humanidad.
    
   Pero la cuestión era y sigue siendo poder confirmar si los seres humanos por propia iniciativa adoran y sirven con gratitud a su Hacedor, o por el contrario y como lo afirma el Adversario, éstos solo buscan a Dios para satisfacer sus propios intereses egoístas, siendo inclusive capaz de blasfemar su santo nombre cuando las cosas no le salen como ellos quieren.
   
   Por eso, para tomar la decisión de vivir bajo el régimen de la Divina Providencia se requiere sencillez y buena voluntad, porque no siempre las cosas son cuando las deseamos o como las queremos.
   
    Lo que sí podemos estar seguros es que así como nuestro Dios permitió la caída del ser humano en pecado, también le proveyó de un magistral plan de salvación; y el establecimiento de su pleno gobierno sobre toda la tierra es el aspecto más relevante y el objetivo final de dicho plan (Sal. 2.6-9; Ap. 11.15).
   
    Pero el Reino de Dios (expresión que incluye no solo al rey y sus súbditos, sino a todos los elementos, áreas o dimensiones que comprende), no es algo puramente material y terminado como un objeto que pudiera caer desde lo alto. Y porque no es estático como una cosa, sino dinámico como un organismo viviente, tal como un árbol (Lc.13.18-19), nosotros, que nos reconocimos pecadores y alejados de Dios, y que aceptamos recibir de Jesucristo su perdón, su señorío, y su Reino, debemos colaborar con Dios ayudando en la construcción de este esperanzador Reino (1-Co 3.9; Col 4.11), tanto para lograr la integración de sus participantes, como para enaltecer su grandeza y sus valores.


sábado, 18 de mayo de 2019

ASPECTOS DE LA UNIDAD CRISTIANA


   UNIDAD ESPIRITUAL, en la que soy uno con mis hermanos del África, Europa, etc., aunque nunca los he visto ni escuchado. Simplemente nos identifica tener, supuestamente, al menos los fundamentos de una misma fe.
   
UNIDAD DOCTRINAL,  la que tienen los miembros de una u otra denominación. Aunque algunas de ellas tienen un nulo  o muy pobre criterio acerca de muchos asuntos, la mayoría defienden un conjunto de credos o doctrinas que las hacen diferentes a otras. Tienen unidad de pensamiento en relación con ciertos asuntos, lo que las hacen diferentes a otras.
   
UNIDAD REAL, la que puede tener cualquier denominación cristiana, o el conjunto de ellas. Tiene que ver con la vivencia práctica de la fe, lo que  involucra acuerdos para diseñar, aprobar y desarrollar planes o programas que mejoren  las condiciones de vida que la comunidad de fieles necesita.
   
   No se trata sólo de orar, adorar, o leer la Biblia. Es permitir que el Espíritu Santo haga su obra en y a través de nosotros, poniendo en ejecución los principios del reino de Dios, “para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.  De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan”. “Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,  sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (1-Co.12.25-26: Ef.4.14-16).
   
   Nuestro Salvador quiere que en su “casa” haya alimento (Mal.3.10) y vida abundante (Jn.10.10), y esa casa somos nosotros, los creyentes, (He.3-6) que deseamos que nuestros líderes dormidos y acomodados no obstruyen el plan divino de salvación, pues ni entran ni dejan entrar a los que Dios ilumina con la gracia de una visión bíblica y realista de su reino.