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martes, 23 de junio de 2020

¿CUÁL ES LA IGLESIA VERDADERA?


    La Iglesia de Cristo o Iglesia universal es verdadera en cuanto creemos en la veracidad de la Biblia. Lo que podría mejor ser cuestionado es qué tan veraz puede ser una doctrina que la concibe o interpreta. La Iglesia es sencillamente el conjunto de todos los creyentes en Cristo alrededor del orbe, pueblo escogido por Dios para que anuncie sus virtudes, una nación santa entre las naciones infieles e incrédulas del mundo.
   
    La Iglesia es la parte humana del Reino de Dios con la cual el rey Jesucristo quiere adelantar su proyecto o plan de liberación o salvación para los seres humanos que voluntariamente se acojan a él. Para hacerlo, promete liberación de toda culpa de pecado a quien lo acepte como Señor y Rey. También, por los méritos de su sacrificio, ofrece participar al creyente del don o fortaleza del Espíritu Santo para que pueda cambiar su vieja naturaleza de pecado por una nueva que produzca buenos frutos, además de garantizarle que a través de este nuevo nacimiento pueda gozar de una vida feliz y abundante aún después de su muerte física.
   
    Entonces, una denominación cristiana se puede calificar no tanto como “principal” o como “secta”, sino más bien como cercana o alejada de los principios doctrinarios del Reino de Dios, en el entendimiento de que el Reino de Dios es un forma integral de gobierno, que en su actual etapa de creciente manifestación está vigente entre nosotros hasta que sea liberado de toda “cizaña”, y el Señor nos haga entrega formal de su Reino en plenitud.
  
   Hay muchos principios que le dan vida e identidad al pueblo de Dios bajo la soberanía del Rey Salvador. Pero hay algunos de ellos que no obstante su inmensa importancia ni aún se nombran en las prédicas cotidianas. Ejemplo de ello son los principios de integración de hecho, la solidaridad y servicio por medio de la ayuda mutua organizada, y la igualdad socio-económica (2-Co.8.13-15).
   
    Para evadir la implementación de tales principios (Contraria principalmente a los manejos maliciosos de los recursos económicos) se prefiere darles un sentido místico pero nunca práctico. Pero las cosas están cambiando. Todo tiene su tiempo. Así como hay personas que solo buscan a Dios en tiempos de angustia, también existen personas que se percatan del extraordinario valor que puede llegar a tener este sistema divino de gobierno cuando los que lo reconocen y acepten lo implementen no solo en sus vidas íntimas  y personales sino para la prosperidad y desarrollo de sus propias comunidades de creyentes cristianos.

jueves, 4 de junio de 2020

POR SUS FRUTOS SON CONOCIDOS


El sublime Maestro nos dejó una fórmula para identificar la clase de “árboles” que nos pudieran “alimentar”. En Lc 6.43-44 está escrito: “No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto; porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas.” Los que se dejan engañar no son los que realmente aman la Verdad  y están dispuestos a sacrificarse por ella, sino los simples y mediocres arrastrados por sus propias concupiscencias y flaquezas, que prefieren que otros decidan por ellos, como si les fuera un gran consuelo pensar que no caerán solos al abismo. (Lc. 6.39)  Algunas personas, de buena intención y sin proponérselo (2-Ti 3.13-17) no están haciendo nido en las frondosas ramas del Reino de Dios (Mat 13.31-32) sino que son parte de la chamiza de los árboles que por no dar buen fruto están destinados al fuego. (Mt 7.17-20).


viernes, 13 de marzo de 2020

EL ÁRBOL QUE CUBRIRÁ LA TIERRA

 
     La Biblia dice que el Reino de Dios es como un árbol que comenzando como una diminuta semilla llega a ser tan grande, que aun las aves pueden hacer nido bajo sus ramas. El  Maestro se refería, sin duda, a la soberanía de su gobierno en su propio pueblo, aquí en la tierra. Su gobierno se establece y desarrolla entre nosotros, y no en otra dimensión. No puede ser en una dimensión diferente a la humana, porque es aquí, en nosotros y en medio de nosotros que su Espíritu Santo está haciendo la Obra, la cual tiene por finalidad someter todo gobierno y poder a la autoridad del Rey Jesús (1-Co.15.24-26; Ap.11.15; Dn.7.13-14; Sal.2.7-9). Es aquí, en medio de su Pueblo o Iglesia en donde también el Maligno infiltra a sus siervos, que a veces se dejan reconocer por su rapacidad, maldad y necedad, (Lc.11.39-40).
   
   Es aquí, entre nosotros, en donde surge como plaga la cizaña que estorba los nobles propósitos de nuestro Salvador. El apóstol Pedro nos había prevenido: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado,  y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (2-P.2.1-3).
   
   En contraste con ello, el Reino de Dios significa justicia, paz y gozo para los que participamos en él como “hijos de luz”, “porque el amor de Dios fue derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” (Ro.5.5)
  
   La mayoría de predicadores hoy en día no hablan acerca de él, pues casi siempre ellos mismos no lo han podido “ver”, pues sus mentes y sus corazones están viciados de costumbres que ofuscan sus entendimientos para no poder valorar esta gran “piedra preciosa” (Mt.13.45-46), como lo que verdaderamente es y puede llegar a significar…Como una nación real que lo conforma diseminada por el mundo en pequeñas comunidades, pero de acuerdo en lo básico y en un mismo espíritu de gratitud y adoración, que puedan de manera sincera decirle al mundo: “Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras”, (Jn.14.11), porque el mismo Maestro dijo: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” (Mt.5.14-16).

viernes, 6 de marzo de 2020

VIVIR EN YUGO DESIGUAL


    El pueblo de Israel practicó este principio que lo mantuvo al margen de las naciones paganas (Lv. 26.9-13; Ez.38. 27-28). San Pablo lo enuncia a los cristianos para que lo pongan en obra. En su disertación (2-C0.6.14-18) no se refiere solo al matrimonio o a otros credos religiosos. No hay bases bíblicas para afirmar esto. Él le habla al pueblo de Dios como a una nación santa, apartada, “para que anuncie las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1-P.2.9).
  
Una nación verdaderamente lo es cuando atesora una cultura, en este caso la que proviene de aplicar todos los principios y enseñanzas de la Palabra del Reino. Considerándolo así, la cultura de un pueblo no solo tiene que ver con el matrimonio de sus individuos o con los formatos de culto religioso. Estos dos aspectos hacen parte de la cultura de un pueblo pero no representan la totalidad de ella.Esta es todo aquello que lo integra, lo identifica y lo desarrolla.
    
El pueblo de Dios tiene un mismo origen, historia  y destino que lo configura como una nación, enmarcada por su “constitución nacional”, es decir, la sagrada Biblia. Todo esto no sería posible sin unidad. Jesús la anhelaba (Jn.17.21). Se la compara a la integración de todos los órganos y miembros de un mismo Cuerpo (el “cuerpo místico” de Cristo).
  
 Si un creyente no debe tener compromisos de asociación (“yugo desigual”) con los incrédulos, entonces, ¿con quién los debe tener?   Obviamente, con los demás miembros de su comunidad cristiana. Esto es bíblico y realista. Las interpretaciones sesgadas o maliciosas no pasan de ser artificiosas, para distraer o manipular.
 Este mismo principio de unidad práctica, más que conceptual, nos llevará indefectiblemente a otros principios igualmente importantes que lo complementan, tales como la solidaridad y la igualdad.
  
El mandamiento dice: “Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia”. Pero no puede haber justicia si no hay igualdad. No podrá haber igualdad, si no hay solidaridad. Y no podrá haber solidaridad efectiva y ubérrima, si no existe la integración y organización apropiada.


viernes, 21 de febrero de 2020

ESTO ES LO QUE LLEGAMOS A CREER


   Los participantes en el Reino de Dios, cuyo conjunto es denominado Iglesia de Cristo, llegamos al convencimiento de reorientar nuestras vidas hacia el bien y la Verdad  a través de este gran proyecto que nuestro Padre Eterno diseñó para la Humanidad, este maravilloso sistema divino de gobierno integral, por medio del cual podemos llegar a tener vidas felices, llenas de propósito y significado.
  
   Creemos que la Biblia es la única y suficiente verdad revelada, y que por medio del arrepentimiento podemos ser liberados de nuestra culpabilidad de pecado ante Dios, al igual que recibir como regalo la presencia misma del Espíritu Santo para que con nosotros y en nosotros podamos desarrollar y ejercer los principios de vida de este siempre progresivo e indestructible Reino.  

   Creemos que es nuestro deber darle cumplimiento al sublime anhelo de nuestro Salvador de que sus seguidores sean realmente unidos como los miembros de un mismo Cuerpo, verdaderamente integrados como un pueblo escogido, como una santa nación (Jn.17.21; 1-Co.12.27; 1-P.2.9).
   
   Por esto mismo, debemos, aunque nos juntemos con todo el mundo, realizar compromisos de asociación solo con los demás miembros de la “familia de la fe” (2-Co.6.14-18), y poder así servirnos y ayudarnos mutuamente, siendo de esta manera útiles a nuestro rey Jesús, a través de la solidaridad con su pueblo, a favor del cual permitió ser humillado y torturado hasta la muerte. “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gá.6.10).

LO QUE LLEGAMOS A CREER

 

viernes, 14 de febrero de 2020

¿ESTÁ VIGENTE? !NO LO DUDES!

   El Reino de Dios está vigente entre nosotros, los cristianos, que conscientemente o no participamos de él, bien sea como "buena semilla" o como "cizaña". Dios nos entrega dones y talentos para trabajar en su Obra, y de ello daremos cuenta. 

   Por esto mismo, y para evitar toda contaminación, NO debemos, según 2-Co.6.14-18;7.1,asociarnos con gente común, sino con miembros del Cuerpo de Cristo, para enaltecer las virtudes de este creciente, indestructible y maravilloso Reino, en donde Dios ejerce la bendita soberanía de su gobierno en su propio pueblo, su santa nación. Así que, no a la religión, Sí, al Reino de Dios.

lunes, 10 de febrero de 2020

DIVIDE Y VENCERÁS

El astuto Enemigo de nuestras almas tiene un principio que le ha dado mucho resultado: “Divide y vencerás”. Como resultado de ello hay cientos y cientos de sectas o grupos llamados cristianos. Cada uno de ellos se pelea el privilegio de ser el único poseedor de la Verdad, aunque no lo puedan demostrar en la vida real.

  
   La única manera que existe para lograr la unidad del pueblo de Dios, los leales a su Palabra, NO es a través de la verdad particular de los individuos o grupos, sino por medio de la realidad común. El fundamento bíblico para ello es el mandamiento del propio Salvador, expresado por medio de San Pablo en 2-Co.6.14-18, para que NO nos asociemos con gente común  sino con otros creyentes, y lleguemos así a estar tan integrados como los miembros de un mismo cuerpo, como el Cuerpo de Cristo, es decir, la verdadera Iglesia, “para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular” (1-Co.12.25-27).

lunes, 6 de enero de 2020

NUESTRA RESPONSABILIDAD

 
   Uno de los tantos dones que Dios entregó a los “llamados” (Mt.24.14) y por el que obviamente tendrán que responder es el desempeño de puestos de liderazgo. Tal vez muchos de ellos ya han leído y meditado acerca del capítulo 34 del libro de Ezequiel, y de lo que el apóstol Pablo dijo en Mileto antes de su final despedida a los líderes de esa iglesia (Hch.20.17-35), y evitar entonces ser tenidos como aquellos mercaderes de la fe que toman la piedad como fuente de ganancia. (Tit. 1.11).
  
   El gozo de quienes trabajemos en la “viña del Señor” (Reino de Dios), para lograr su establecimiento real y pleno en este desventurado y desenfrenado mundo, será infinito, aunque tengamos que renunciar a toda pretensión egoísta de enriquecimiento individual, al uso indebido de poder, y a los deseos de prestigio personal (Mt 6.13).
  
   Recordar, además, que  “Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes.  Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.” (Lc. 12.47-48)

lunes, 16 de diciembre de 2019

AGENTE ACTIVO DE CRECIMIENTO DEL REINO


     Jesucristo “se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras”. (Tit.2.14). Este pueblo especial que vive bajo el régimen del gobierno divino es el encargado de anunciar sus virtudes. La Biblia declara: “Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” (2-P.2.9).
    
    Desafortunadamente, la franca rebeldía o la indolente indiferencia a la voluntad de Jesucristo, tratan de hacer que la gloria de Dios en su pueblo sea una simple quimera. Pero el sacrificio del bendito Cordero, no será en vano, porque estas Escrituras Sagradas no son retórica barata para soñar con imposibles.
   
     Dice el Señor: “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” (Is.55.10-11) El Cordero de Dios ya hizo su obra. Él mismo dijo: “(Padre), yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora, pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” (Jn.17.4-5).
    
      Hebreos 10.12-13 declara: “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies.”
  
     En este punto, nos preguntamos: ¿Cómo, si Jesús ya hizo lo que tenía que hacer, y está ahora sentado junto a su Padre esperando a que sus enemigos sean sometidos, cómo, pues, se desarrollará la soberanía real e efectiva de su Reino, aquí entre nosotros?
    
     Esto lo entenderemos cuando nos percatemos de la veracidad de las siguiente Escrituras: “…En los postreros días, dice el Señor, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne…y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” (Hch.2.17, 21); “…recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hch.1.8); “y Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” (Hch.2.38-39)
     
      Entonces, podemos así comprender que es el Espíritu Santo en nosotros y a través de nosotros, el que está encargado de hacer la obra. “Porque todas las promesa de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios” (2-Co.1.20).
   
     Leamos con detenimiento la parábola de las diez (Lc.17.11-27)  minas para entender mejor esta buena noticia, “para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo que excede a todo entendimiento, y seáis llenos de la plenitud de Dios, Y a aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos,  según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la Iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos, amén.” (Ef.3.17-21).
  
     Tengamos conciencia de nuestra responsabilidad en el manejo de los dones y talentos que el mismo Salvador nos proveyó para participar de su Obra. Como colaboradores de Dios, debemos trabajar para su Reino, (1-Co.3.9; Col.4.11). Los resultados de la soberanía del Reino o gobierno  de Dios, entre nosotros, se harán evidentes aquí, en su actual etapa de crecimiento, y mucho más en su plenitud, cuando el Ungido “entregue el reino el Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies”. (1-Co.15.24-25).

domingo, 8 de diciembre de 2019

EL REINO DE DIOS, ¿UN ESTADO EMOCIONAL?

 
 Es incoherente la aseveración de los que arguyen que el Reino de Dios es tan solo un estado emocional. Jesús dijo a los fariseos unas palabras que algunas versiones de la Biblia traducen así: “El reino de Dios está dentro de vosotros” (Lc. 17.21, Nacar- Colunga). ¿Quiso decir Jesús que el Reino de Dios estaba en el corazón inicuo de aquellos hombres corruptos, a quienes él mismo había tratado de rapaces, malos y necios? Ciertamente que no. (Lc.11.39-40) Una traducción más exacta del griego original, es: “El reino de Dios está entre vosotros” (versión Reina-Valera). De manera que Jesús, que estaba en medio de ellos, hacía referencia a sí mismo en su función de rey. La cobertura del Reino de Dios no es solo interna e individual, sino externa y social, comenzando por el mismo núcleo familiar.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

MANIFIESTO CELESTIAL


SIETE VERDADES BÁSICAS
DE LOS
PARTICIPANTES EN EL REINO DE DIOS

1)   .La Iglesia es el conjunto de todos los creyentes en Cristo Jesús alrededor del mundo.
2 La gente que conforma la Iglesia constituye la santa nación, el pueblo adquirido por Dios para que anuncie sus virtudes, (1-P.2.9).

3.En el gobierno de Dios, Jesucristo es el Rey, y ejerce la soberanía de su reino en su propio pueblo, a través de su Palabra, el Espíritu Santo, y sus ángeles.

4. Aunque la “cizaña” está infiltrada en el Reino de Dios, este se halla en crecimiento por la obra que ejecuta el Espíritu Santo en y con los creyentes, hasta que al final de los tiempos nuestro Salvador aparte y eche fuera a “ los hijos del malo”, y él, en persona, nos haga entrega formal de su Reino en plenitud.

5.Los reinos o gobiernos del mundo NO HACEN PARTE DEL REINO DE DIOS, él los permite pero no los comparte, pues la Biblia nos enseña claramente que “ el mundo entero está bajo el maligno” ( 1- Jn.5.19), ya que la gente común permanece “siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia mí”.  ( Jn. 14.30). “( Ef 2.2). El mismo Jesús declaró: “No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.


6. El verdadero Pueblo de Dios debe obedecer el mandamiento de NO tener compromisos de asociación con las gentes del mundo, porque la Biblia dice: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿Qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?... ¿ O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿ Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré a vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso ( 2 Co 6.14-18).

7.Los Cristianos se deben asociar entre sí en todo lo que la vida humana requiere, para que integrados como los miembros del mismísimo cuerpo de Cristo puedan hacer evidente la justicia del Reino de Dios, que inspirada por el amor, busca llenar todas nuestras expectativas de una vida plena y abundante, tal como lo desea nuestro Salvador (Jn. 10.10), libre de miserias e injusticias, pero sí con mucha gratitud hacia nuestro Señor y Rey por su maravilloso plan de salvación para la Humanidad.

viernes, 11 de octubre de 2019

EL MEJOR GOBIERNO

 
¿Sabe Usted cuál es el sistema de gobierno más completo y lleno de posibilidades que existe para ponerle fin a las injusticias y al sufrimiento?  Pues verá.
    
   El conocimiento de este sistema era un secreto comprendido por unos pocos. Con el tiempo sus misterios se han ido develando, principalmente a aquellos que se desatan de las ligaduras esclavizantes de los ineficaces ritualismos religiosos. Este gran proyecto ya está en acción.
    
   Muchos, sin saberlo, hacen parte de él  consciente y positivamente. Otros, sin embargo, son adversarios de él. Lo estorban, lo desprestigian, o disuaden a la gente para que no piensen en él como algo real y vigente.
   
    Este sistema es denominado “Reino de Dios”. Su liderazgo está en manos de Jesucristo, el Rey salvador, quien ofrece perdón de pecados por los méritos de su martirio, y por su nombre es otorgado gratuitamente el don del Espíritu Santo  para vivir una vida nueva y plena dentro de su propio pueblo, su santa nación, nación esta que no rehúye las realidades humanas, pero que se integra a ellas sin perder su identidad.
   
   Para lograrlo se organiza, practica y defiende sus propios valores tales como la santidad, la solidaridad y la igualdad, entre otros. Su historia, valores, directrices y perspectivas están plasmadas en el libro más importante del Universo: la Santa Biblia.

viernes, 4 de octubre de 2019

OBSTRUYENDO EL REINO DE DIOS

   El opositor de nuestro Padre Celestial sabe que no podrá destruir este reino pero sí podrá obstruir su crecimiento negando o desvirtuando su realidad (Hch 13.-6-10).

Una de las muchas formas de hacerlo es sembrar en la mente de muchos creyentes, argumentos incoherentes y pueriles, “que se levantan contra el conocimiento de Dios” ( 2 Co 10.5)

 Pueril, por ejemplo, es el argumento de aquellos que sostienen el mismo Señor Jesucristo es a la vez un rey y un reino. Es como si una persona pudiera ser ella misma un país del cual fuera su presidente.

 Estamos tan acostumbrados a las fantasías religiosas, nacidas del temor, la ignorancia y las pasiones, que tendemos a alejarnos de lo razonable y se nos hace a veces difícil hacer las reflexiones realistas más elementales. Ni Jesucristo ni la Iglesia es el reino de Dios. Jesús es el rey. La Iglesia es el conjunto de personas en las cuales y a través de las cuales él quiere ejercer la soberanía de su gobierno.
  

lunes, 23 de septiembre de 2019

DEBEMOS VENCER...PERO PACÍFICAMENTE

 
     La no violencia no es lo mismos que la resignación pasiva ante los agentes perturbadores de la paz. La no violencia es el arte de ganar la guerra por medios pacíficos, “con armas de justicia a diestra y a siniestra”, como lo proclama las Sagradas Escrituras Cristianas, (2-Co.6.7).
   
 “Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño, porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las obras de la luz, (Ro.13.11-12).
    
Así como el Cordero de Dios “salió venciendo y para vencer”,(Ap.6.2), así los cristianos debemos unirnos y organizarnos, para que Dios, por medio de su Espíritu, quien es el que en nosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad, (Fil.2.13), nos dé la victoria que produce la soberanía de su gobierno en nosotros, como la comunidad de su pueblo que somos.
   
     El gran Libertador de nuestras almas dijo lo siguiente: “He aquí, yo os envío como ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas” (Mt.10.16). De tal manera que la humildad y la prudencia son dos de las “armas de la luz” de que disponemos.
   
    El apóstol Pablo complementa: “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra carne y sangre, sino principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes, (Ef.6.11-12).
   
    Pero, “Quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?  Más también, si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad al Señor vuestro Dios en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo aquel que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros, teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo” (1-P.3.13-16).
  
   En los primeros tiempos de la Iglesia los cristianos tenían “favor con todo el pueblo” (Hch.2.47). Porque tener “buena conciencia” es tener la satisfacción del deber cumplido, al diseñar, establecer y promover planes, programas y proyectos reales y concretos “para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt.5.16).
  
   “Porque esta es la voluntad de Dios; que haciendo el bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, (por ejemplo indolencia e indiferencia social,  desorganización), sino como siervos de Dios, (1-P.2.15-16).
   
   Vencer sin violencia es, pues, fundamentalmente, crear condiciones de justicia y desarrollo social, para que realmente pueda existir, al menos dentro del pueblo de Dios, paz y gozo en el Espíritu Santo. “Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres. Así que, sigamos lo que contribuye a la paz  y a la mutua edificación”. (Ro.14.17-19)

jueves, 12 de septiembre de 2019

GUERRA SANTA


    Jesucristo dijo: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada”. (Mt.10.34) El apóstol Pablo añade: “Porque el Reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder…” 1-Co.4.20).
    
   El poder del que aquí se habla no es aquel con el que Satanás y sus huestes de maldad nos someten y mortifican,  no.  A lo que Pablo se refiere es a los enormes recursos que nuestro Creador está poniendo a nuestra disposición para que “no seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Ro.12.21). No se trata, pues, de tener una actitud pasiva y resignada ante el mal que nos agobia. Nuestros miembros deben estar al servicio de la justicia (Ro.6.19). La paz es el resultado de ella. Por eso, el Maestro decía: “…buscad primeramente el Reino de Dios, y su justicia, y todas estas cosas (necesidades básicas como alimento, vestido, etc.,) os serán añadidas.”(Mt.6.33).
   
    Si cada uno de nosotros cumple bien sus deberes, como “buen soldado de Jesucristo” (2-Ti.2.3), entonces todos los creyentes estaremos “firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio, y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de Dios.” (Fil.1.27-28).
   
    Los que peleamos “la buena batalla de la fe” (1-Ti.6.12) no utilizamos armas de fuego, corto pulsantes, ni ninguna otra clase de armas materiales, “porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas”; (2-Co.10.4); ni aun debemos tratar de convencer por la fuerza a otras personas de nuestras convicciones, (Mt.10.11-14). Disponemos de medios tan nobles como es la solidaridad.
  
   Todos los cristianos seguramente no estaremos totalmente de acuerdo en muchas cuestiones; pero de seguro creemos que si adoptamos una común actitud frente a muchas cosas que debemos hacer o dejar de hacer, en el disfrute sagrado de la libertad que nos otorga el estado social de derecho en que habitamos, adoptaremos tales actitudes, para mejorar nuestras condiciones de vida, “pues que por esto pagáis también los tributos…” (Ro.13.6).
   
    Un ejemplo palpable de esto es la gran liberación nacional que promovió y obtuvo Mahatma Gandhi, con solo apelar al derecho a la libertad que la Ley le otorgaba para no comprar ciertos artículos que el Imperio Británico ponía a su disposición. Venció el mal con el bien como nos recomienda San Pablo que hagamos los cristianos. Esto haremos cuando despertemos del letargo de la resignación, indiferencia e irresponsabilidad ante lo que el Mesías demanda de nosotros, (Mt.25.34-46; Ef.5.13-17).
    
   Esto no significa que debamos ser empleados del Estado, puesto que tenemos claro que “…al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás”, porque, “dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”, (Lc.4.8). Como ciudadanos que pagamos impuestos nos asisten derechos que pueden convertirse en herramientas útiles, para que a través de actos colectivos (de la Iglesia) podamos enaltecer a nuestro sublime Rey Salvador y su maravilloso Reino que entre nosotros se desarrolla y crece como un gran árbol, en que los maltratados y desprotegidos del mundo puedan habitar seguros al abrigo de sus ramas. (Mt.13.31-32)


viernes, 9 de agosto de 2019

LA GRACIA DE DIOS NO SE PUEDE COMPRAR

 
   A alguien le fue dicho: “Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en  este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, se quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura  y en prisión de maldad veo que estás” (Hch.8.20-23)
  
  Estas palabras las dirigió el apóstol Pablo a un personaje que había sido un experto manipulador de la ignorancia de las gentes, un manipulador de profesión valiéndose de ciertos conocimientos de magia que poseía.
    
   Ahora, después de haber manifestado arrepentimiento y deseos de cambio, ayudaba a Pablo en la divulgación del evangelio del Reino de Dios. A pesar de tan grande puesto de liderazgo seguía creyendo que los favores de nuestro Salvador se pueden comprar.
  
  Este mismo concepto-sentimiento hoy en día es explotado por algunos “simones”; no porque ellos así lo crean, pero así lo hacen creer a las masas moldeables de personas, siendo las más vulnerables aquellas interesadas más en sus egoístas pretensiones personales que en los planes que Dios tiene para liberar a la Humanidad de la corrupción que hay en el mundo (2-P.1.4)
    
   La buena noticia de que el Reino de Dios, en su actual etapa de desarrollo, está vigente entre nosotros, señala que nuestro Creador desea la prosperidad para todo su pueblo, y no para unos cuantos, porque el mismo Espíritu de Dios que habita en nosotros ha de impulsarnos a la solidaridad, a la ayuda mutua organizada. “Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.” (Ro.14.19).

martes, 30 de julio de 2019

ESTO ES LO MÁS IMPORTANTE

 
   El pueblo de Dios es una santa nación llamada a estar tan integrada como los miembros de un mismo cuerpo. La solidaridad debe obrar a causa de que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones (Ro.5.5),  y no por intereses vanos o egoístas.
   
   En este sentido se nos dice que  “si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve”(1-Co.13.3). Nuestra solidaridad, como participantes del Reino de Dios debe ser prioritariamente con nuestra familia en la fe. “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gá.6.10). Porque…”No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos” (Mt.15.26).
   
    Examinemos lo que nos instruyó el Maestro: “Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?  Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? (Mt.5.46-47). Pero el hecho de amar a extraños y enemigos no significa que dejemos a nuestros hermanos en un segundo plano. El  2-Cr. 19.1-2 leemos: “Josafat rey de Judá volvió en paz a su casa en Jerusalén.  Y le salió al encuentro el vidente Jehú hijo de Hanani, y dijo al rey Josafat: ¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová? Pues ha salido de la presencia de Jehová ira contra ti por esto”.
    
   San Juan dice: “Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos,  los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje.  Porque ellos salieron por amor del nombre de Él, sin aceptar nada de los gentiles.  Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperemos con la verdad”.
    
   Cuando Jesús se manifieste como juez cuestionará lo que se hizo o dejó de hacer a “sus hermanos más pequeños” (Mt.25.40, 45). Y, ¿quiénes son los hermanos de Jesús? La misma Palabra nos responde: “Entonces su madre y sus hermanos vinieron a él; pero no podían llegar hasta él por causa de la multitud. Y se le avisó, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.  Él entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen” (Lc. 8.19-21.
    
      Una de las promesas de nuestro Salvador es que no perderemos la recompensa  ni aún por un vaso de agua que le demos a alguien por el hecho de ser “hermano” o “discípulo” de Cristo. Así que, si queremos tener grandes “tesoros en el cielo” (Mt.6.19-21) organicémonos para que nos podamos servir mutuamente. El disfrute será no solo después del pleno establecimiento del Reino de Dios sobre la tierra, sino desde ahora; porque los principios que dan vida e identidad a la santa nación de Dios (1P.2.9) nos permitirán vivir la vida abundante, juntos y en armonía, como nuestro Rey Jesús rogó a su Padre Celestial que le fuera concedido.

viernes, 19 de julio de 2019

¿ACASO ES SUFICIENTE?

 
   No es suficiente para una persona haber sido perdonada de sus pecados, y estar ahora sin vicios y observando una relativa buena conducta. No podríamos verificar los frutos del Espíritu Santo, que habita en nosotros los creyentes ni practicar la justicia del Reino de Dios, viviendo una fe egoísta y mezquina.
   
 Escrito está: “ y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta  y se echa al fuego” (Lc 3.9), por que “ al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Stg 4.17); además, porque “ en esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios” (I Jn 3.10)
  
 Por eso nuestro Señor diseñó la creación de un reino , para que fuera hecha su voluntad aquí en la tierra, como en el cielo (Mt 6.10), pudiendo él ejercer soberanía en su propia nación, pueblo adquirido por él para que anunciemos las virtudes de  “Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable”.(I-P 2.9).

¿ACASO ES SUFICIENTE?