viernes, 24 de julio de 2026

¿SALVOS POR FE O POR OBRAS?


 

En primer lugar aclaremos de qué somos o podemos ser salvos o salvados según el Nuevo Testamento. Para ello es necesario contextualizar cada caso en particular para saber a qué se hace referencia.

   Se menciona, por ejemplo, el caso de personas que fueron “salvas” o salvadas  de desastres naturales (Mt.8.24-25); otras fueron salvas o liberadas de enfermedades (Lc.8.43-48), de circunstancias adversas (Hch.27.42-43), de morir (Lc.6.9); también se habla de ser salvados o liberados del vigente sistema de cosas (“esta generación” Hch.2.40).
   Pues bien, dice en Efesios 2.8-9: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;  no por obras, para que nadie se gloríe”. También dice en Tito 3.4-7: “. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres,  nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,  el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador,  para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna”. 
   Pero, ¿de qué clase de salvación nos habla en ambos lugares? Indudablemente, de nuestra culpabilidad, “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,  siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,  a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,  con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”(Ro.3.23-26). Nada ni nadie pudo haber hecho esta obra, porque “en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hch.4.12). 
   De lo que no pudimos ni podremos ser salvados es de la responsabilidad que asumimos como “colaboradores de Dios” para trabajar a favor de su gobierno o reino (1-Co.3.9; Col.4.11). Por eso se nos habla no sólo de arrepentimiento para perdón de los pecados, sino de conversión, para que vengan del señor tiempos de refrigerio (Hch.3.19). Donde dice que “no por obras para que nadie se gloríe”, se aclara: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras,  las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Ef.2.8-10). De igual manera, donde se dice que “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tit.3.5), también se nos aclara: “Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres. Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho” (Tit.3.8-9).Pero, ¿a qué clase de obras se refiere en estos pasajes? La respuesta es la que allí mismo están definidas: Las que sean “buenas y útiles a los hombres”, mientras que se deben desechar aquellas otras que son “vanas y sin provecho”.
   La condición requerida para poner en obra la justicia y los principios soberanos de este gobierno es vivir verdaderamente en comunidad. Los que por ignorancia, rebeldía o egoísmo no se integran realmente al Cuerpo de Cristo nunca podrán participar como conviene de las buenas obras producidas por la solidaridad y el amor que fue derramado en nuestros corazones.





miércoles, 8 de julio de 2026

EL INDIVIDUALISMO ES UNA PLAGA


 

      Son incontables los que hacen honor a Caín, en su forma de pensar: “¿Soy acaso yo guarda de mi hermano?”(Gn.4.9). En otras palabras, los modernos veneradores de su propio ego, sostienen: “La salvación es individual, que cada cual cargue su propia cruz. Después de todo, quienes están mal es porque están en pecado”. Es el típico argumento de los que algunos podrían calificar como “los pequeños burguesillos de la clase religiosa”. Pero cuando caen en desgracia, éstos mismos “acomodados” que se creen ricos cuando en verdad son todo lo contrario (Ap.3. 17-19), son los primeros en quejarse de la indolencia de sus hermanos en la fe.

   Para evitar que la solidaridad, que es uno de los pilares en la construcción del vigente  Reino de Dios, sea aminorada por esta herética interpretación de la voluntad de Dios, se hace necesario aclarar que a través del arrepentimiento personal cualquier persona puede llegar a ser liberada o salvada de su condición de culpable ante el juicio divino (“Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo”, Ro.14.10). Es una actitud de naturaleza individual. Pero este beneficio perdería todo valor si no hay sometimiento al otro requerimiento inicial, la conversión (Hch.3.19). Y es que para  participar en el Reino de Dios (Ap.1.9), para vivir bajo “el  régimen nuevo del Espíritu” (Ro.7.6), es necesario practicar todos los principios propios de este Gobierno, pautas de comportamiento para desarrollar y dar carácter e identidad tanto a los creyentes en forma individual como al conjunto de ellos, considerados como una nación, en la que se espera que sus miembros lleguen a estar tan integrados como los componentes de un mismo cuerpo. Tanto es así, que las mismas Escritura Sagradas lo denominan como “el Cuerpo de Cristo” (1-Co.12.27), porque el objetivo es que “siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,  de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Ef.4.15-16).

   Las obras o acciones solidarias será lo que en definitiva determine, tanto la eficacia del gobierno divino en nuestro medio, como también la aprobación o condena de quienes recibimos dones, talentos o medios para COLABORAR con el mismo Padre Eterno (1-Co.3.9; Lc.19.12), que aunque no necesita de nosotros, sí desea que le demostremos nuestra gratitud  y compromiso con su plan de salvación.

 

miércoles, 29 de abril de 2026

PASTORES ASALARIADOS


    Aun dentro de las sectas tenebrosas es bien vista la actitud de quienes las pastorean, no porque reciban sueldo, sino sinceramente, de corazón. ¡Cuánto más en una congregación de sana doctrina!

    “Porque no busco lo vuestro…-decía San Pablo- sino a vosotros”. Y agrega: “pues no deben atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos” (2-Co.12.14). La razón de ello la da el mismo Maestro cuando dice: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.  Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas” (Jn.10.11-13).

   Por encima de esta y muchas otras consideraciones algunos, sin embargo, arguyen que “el obrero es digno de su salario” (Lc.10.7). Pero veamos el contexto y seamos honrados. El “salario” referido por el evangelista y citado por Pablo (1-Ti.5.18) no tiene relación alguna con la idea de cobrar o recibir cada tanto tiempo una cantidad de dinero previamente establecida. La idea que se pone aquí de relieve es “vivir del evangelio” (1-Co.9.7-14), y esto, por la fe, “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. (Fil.2.13). Y una de las cosas que produce el Espíritu de Dios en los creyentes es la gratitud. Por eso, el apóstol Pablo exhorta: “El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye.” (Gá.6.6).

  

   Sabiendo que “la raíz de todos los males es el amor al dinero” (1-Ti.6.10), Pablo trabajaba, y así suplía sus propias necesidades (Hch.20.34; 1-Co.4.12). Lo hacía para dar ejemplo, pues presentía que surgirían “lobos rapaces” que perjudicarían el rebaño (Hch.20.29): “¿Cuál, pues, es mi galardón?”—se preguntaba Pablo, y con orgullo se respondía: “Que predicando el evangelio, presente GRATUITAMENTE el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio” (1-Co.9.18). Pablo tenía el derecho de parte de Dios de ser mantenido por los creyentes a través de ofrendas voluntarias pero renunció a tal derecho para que en el futuro no hubiere falsos administradores de la gracia divina (1-P.4.10) que llegaren a parasitar a costa de la ingenuidad de los feligreses. La mejor garantía que un ministro religioso puede ofrecer a su grey de que sirve sólo por amor a su vocación, y no por meros motivos económicos, es NO recibir sueldo, sino únicamente ofrendas espontáneas de sus ministrados.

sábado, 7 de marzo de 2026

LA LEY DEL EMBUDO


 

      Toda injusticia es reflejo de la desigualdad. La justicia del Reino de Dios se debe erguir por encima de todo interés egoísta y mezquino.  Nuestro Salvador quiere que en su casa haya suficiente provisión (Mal.3.10), y esa casa, en la que no debe haber necesitado alguno (Hch.4.34-35), somos todos los que hacemos parte de la comunidad de creyentes (He.3.6).

   Por ningún motivo los recursos económicos de la Iglesia deben quedar en los bolcillos de unos pocos, pues el principio de igualdad que rige en el Nuevo Pacto es para el bien de todos (2-Co.8.13-15). No debemos permitir, si está a nuestro alcance, que bajo cualquier pretexto, dentro de una congregación cristiana, los mercaderes de la fe estén más y más acomodados  a costa de las almas atribuladas que por ignorancia creen que la bondad del Padre Eterno se puede comprar con dinero. No debemos participar en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien, reprenderlas (Ef.5.11).

 

miércoles, 25 de febrero de 2026

DICTADURAS EN LA IGLESIA


 

Sin duda, la Iglesia primitiva reconocía a sus pastores, pues cuando Pablo quiso hablar con los ancianos (pastores) de la iglesia de Éfeso en Mileto, no bajó un hombre solo, ni toda la iglesia, sino ciertos hermanos conocidos como los ancianos (sobreveedores de la grey -1-Ts.5.12-13-).

   No hay creyente capacitado y honrado que no admita que Pablo señalaba a VARIOS ancianos en las iglesias que establecía, que también se llamaban “sobreveedores” (“obispos” en muchas versiones) o “pastores”; términos que indican respectivamente “madurez espiritual”, “vigilancia” frente a los peligros de dentro y de fuera y “cuidado pastoral” tanto al “apacentar” como al “alimentar” a la grey (Hch.14.23; 20.17 con 20.28; 1-P.5.1-4).

   El monopolio en el gobierno de una congregación es tan anti bíblico como el ejercido por todos, incluidos los carnales o inmaduros; y si el solo pastor no es hombre de Dios, y si carece de vocación y de discernimiento, el daño que puede hacer al rebaño es inmenso. Las condiciones de los pastores o sobreveedores constan en 1-Ti.3.1-7; Tit.1.5-9 Desde luego, “el obispo” de 1-Ti.3.2 indica el miembro de una clase, y no un solo pastor en la iglesia.

 

sábado, 20 de diciembre de 2025

TRANSFUSIONES DE SANGRE, PECADO


  ¿SON PECADO LAS TRANSFUSIONES DE SANGRE?

La Biblia es clara al respecto. Cuando está en juego la vida, prima la vida. Mt.6.25: “¿No es LA VIDA MÁS QUE EL ALIMENTO, y el cuerpo más que el vestido?

Por eso, “Si supieseis qué significa: MISERICORDIA QUIERO, y no sacrificio, no condenaríais (a muerte) a los inocentes”.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

SÓLO SE AMA LO QUE SE CONOCE


  Para un buen entendedor pocas palabras bastan; pero si no comprendemos ni aun lo más esencial de un idioma será inútil tratar de saber lo que nos quieren decir quienes lo hablan; será como una comunicación entre sordo y mudo. Pero no ocurre esto solo con los idiomas; en el mundo existen profesiones y grupos sociales que manejan su propia jerga, una serie de términos propios de cada uno de ellos. Por  ejemplo, manejan su particular jerga los médicos, ingenieros, militares, religiosos, etc.  En este espacio nos ocuparemos de éstos últimos, más específicamente sobre la religión cristiana; y puesto que su fundamento principal se haya en los escritos del  Nuevo Testamento, pasaré a dilucidar brevemente el significado de algunos vocablos o expresiones, que aun en el caso de que no seamos religiosos debemos conocer por elemental cultura general.

1)  HOMBRES NATURALES, CARNALES Y ESPIRITUALES_  A)  Hombre “natural” hace referencia a las personas que no entienden ni les interesa entender  la voluntad de Dios, y mucho menos adquirir algún tipo de compromiso de corte religioso; también son denominados como “gente común”. B) Creyentes “carnales”, se refieren a quienes conocen, al menos en parte, la voluntad divina, y quieren  vivir según sus parámetros y orientaciones, pero sus defectos de carácter lo dificultan permanentemente. Son los que saben y quieren pero difícilmente pueden alcanzar el  equilibrio emocional y la sobriedad mental suficientes para vivir de manera permanente en  armonía y coherencia con la dignidad que su profesión de fe significa. C) Creyentes “espirituales” son los que conocen la voluntad de Dios, anhelan someterse a ella y lo logran, aunque no se descarte que en algún momento puedan caer en errores no deliberados. Son nombrados como aquellos que “han alcanzado madurez”.

2)  “CIELO”, en algunos casos se refiere a atmósfera terrestre (Mt.16.2; Lc.12.56). En otros casos es para hacer mención del espacio sideral (Mt.24.29), y en la mayoría de las veces se refiere a la morada en que Dios vive y ejerce soberanía.

3)  A la palabra “MUNDO” en la Biblia se le dan cuatro significados, a saber: A) El mundo material creado por Dios -Jer.10.12-,   B) La Humanidad (Jn.3.16), C) “Mundo”, para diferenciar entre la vida natural (en costumbres que nos unen a la sociedad), y la vida “espiritual” (la que nos relaciona con Dios, y en la que los asuntos divinos tienen prioridad, -1-Co.7.33-). D) “Mundo” también significa el conjunto de los que se oponen a Dios, por acción u omisión, la gente común (Ef.2.1-3).

4)  “REINO DE DIOS” O “DE LOS CIELOS”-  Estas expresiones tienen el mismo significado (Compárese Mt.11.4 con Mr. 4.11). San Mateo lo llama “de los cielos” porque su evangelio estaba destinado a los judíos, para quienes el nombre de Dios era tan solemne que preferían no pronunciarlo. Las diferentes organizaciones cristianas en muy poco difieren en cuanto al significado de esta expresión, pudiéndose resumir así: Es la dimensión donde Dios ejerce soberanía por medio de su Palabra y Espíritu Santo, junto con la colaboración de sus santos ángeles (He.1. 13-13). Se le considera como una forma o sistema de gobierno en el que está contenido todo el plan de salvación que el Creador diseñó para los que se acojan a él.