viernes, 26 de agosto de 2016

FORISTAS, HIJOS DE LA LUZ

    Una verdadera comunidad de creyentes cristianos procura vencer al mal con el  bien, implementando los valores del Reino de Dios, para producir la vida abundante que nuestro Salvador desea para quienes nos amparamos al abrigo de su soberanía, en tanto que grupos religiosos con fervor sectario pero ineficiente reclutan a sus miembros por la fascinación del rito, la magia y la sugestión, en provecho no de todos sino de los pocos que manipulan y dominan desde la oscuridad.
  
   Éstos mismos justifican su no participación en cualquier tipo de foro porque les aterroriza la idea de ser descubiertos y señalados como embusteros; mientras que los que aman la verdad y la libertad, justificados por la fe y la razón, se gozan conociendo más y más la voluntad de Dios, “agradable y perfecta” (Ro.12.2) en procura de ser una gran bendición, para ellos mismos y para los demás.


viernes, 19 de agosto de 2016

ARREPENTIMIENTO Y CONVERSIÓN

   El plan divino de salvación para la Humanidad se fundamenta en dos aspectos:

   1)  Por medio del ARREPENTIMIENTO podemos alcanzar el perdón  de Dios por un ACTO de su voluntad, en los méritos redentores del sacrificio de su Cordero, nuestro Salvador Jesucristo.

   2)  A través de NUESTRA CONVERSIÓN dejamos las vanidades y seguimos al Dios viviente, que hizo el cielo, la tierra, el mar y todas las cosas que hay en ellos (Hch.14.15).No es un acto, ES UN PROCESO  de por vida que tiene por principio activo el regalo que nos fue dado: El Espíritu Santo (1-Ts.4.8) y con el que se nos brinda el poder desarrollar todos los valores del Reino de Dios, tales como la santidad, la integración solidaria y la igualdad (2-Co.8.13-15).
   
   Es, pues, una inter-relación: Él le  brinda el perdón de pecados y el don del Espíritu Santo a los miembros de su santa nación para que éstos a su vez participen dignamente colaborando con él en la construcción de su Reino (1-Co.3.9))



viernes, 12 de agosto de 2016

LAS ARTIMAÑAS DEL ENEMIGO

   El Reino de Dios fue transferido del Israel terrenal al Israel espiritual, la Iglesia, a través de la cual crece y se desarrolla hasta su pleno establecimiento, cuando de él haya sido eliminada la cizaña, y nuestro Salvador haga entrega de él a la Iglesia, como una herencia preparada desde el inicio del mundo para su propio pueblo, los que son tenidos por dignos de este Reino por el servicio que prestan a sus hermanos en la familia de la fe (Mt.25.31-46).
   
   Sin embargo, su  crecimiento  y  consolidación entre quienes fuimos llamados a participar de este “nuevo régimen del Espíritu” (Ro.7.6) se ve muy a menudo obstruido por algunas costumbres o actitudes que chocan con el carácter verdaderamente salvífico de este sin igual e insuperable plan integral de liberación que el mismo Creador propone para los seres humanos.
  
    Algunas de las ideas o actitudes con las que algunos estorban el desarrollo de este noble propósito del Salvador, son, por ejemplo:

   A)  Creer que expresiones tales como “cuerpo de Cristo”, o “santa nación “, son meramente adornos literarios, y que en verdad la unidad que anhela el Mesías (Jn.17.21) se debe concebir solo con la imaginación o con nobles intenciones, pero nada más.

   B)  Pensar que el Reino de Dios se trata solo de algo individual y emocional, algo así como las muletas que utilizan las personas que no se pueden valer por sí mismas.

   C)  Creer que la salvación cristiana consiste solamente en que las personas asistan a algún templo o edificación para cantar, orar y escuchar disertaciones bíblicas.

   D)  Suponer que son las “ovejas” las que deben proveer para los “pastores”, y no al contrario como la estipula la Biblia (Hch.20.17-38; 2-Co.12.14-15).  Con estas y tantas otras artimañas está el Príncipe de este mundo, por medio de sus servidores, tratando de desvirtuar lo que en realidad se constituye como el más poderoso medio para la salvación de la Humanidad.


viernes, 5 de agosto de 2016

HACIA LA LIBERTAD

     Estamos dando grandes pasos en la concepción realista de la Palabra de Dios. Sin embargo, hoy en día cuando se habla del aspecto social de los asuntos de Dios, muchos todavía piensan que se están pervirtiendo las Escrituras, como si la Iglesia misma no fuese  sociedad. Uno de los pasos que estamos dando es que, por lo menos, ya hablamos del Evangelio del Reino de Dios, que ciertamente fue lo que Jesucristo vino a predicar, aunque todavía muchos no entiendan con toda claridad de qué se trata.
   
   Otros creen que con expresiones tales como “pueblo de Dios”, “nación santa”, “nuevo régimen del Espíritu”, etc., se hace alusión a la llamada “Teología de la liberación”. Tengo entendido que a esta corriente de pensamiento pertenece también todo lo relacionado con la problemática de las clases pobres de los países considerados como “cristianos”.
   
    En este punto tendríamos que aclarar algo: Ser “cristiano” NO significa haber nacido dentro de determinado país o familia o haber sido objetos pasivos de algún rito religioso en el que nuestra conciencia moral y voluntad nada tuvieron que ver. Nada más lejos de la verdad. Las expresiones “salvos”, “redimidos”, “liberados” son sinónimas. Prefiero la última porque está menos contaminada de “opio religioso”. Nuestro Salvador quiere liberar a su pueblo, pero ¿en qué consiste la salvación o liberación cristiana? ¿Quiénes verdaderamente son “el pueblo de Dios”?
   
   Aquí  no hay espacio para explicar, pero siembro la inquietud entre los que están en camino de comprender el valor del “tesoro escondido”, el cual está muy por encima de las fantasías religiosas y de la improductiva retórica teológica con la que algunos ladinos explotan la ignorancia y sufrimiento de las multitudes.



domingo, 31 de julio de 2016

¿MURIÓ “POR” LOS PECADORES?

 
   Esta preposición tiene muy variadas acepciones, y en el contexto bíblico significa que nuestro Salvador murió “a causa de” o “a favor de” los pecadores, pero nunca se debe interpretar como “en vez de” como lo quieren dan a entender muchos disolutos para justificar su infidelidad en la observancia de una moral acorde con el llamamiento celestial.
  

    En tal caso, dicen ellos, que como Cristo ya pagó por el castigo que ellos merecían, pueden hacer lo que les venga en gana. ¡Qué ceguera tan grande! Si no se esperaba que, como consecuencia del sacrificio del Cordero de Dios resultase un cambio individual y colectivo en los seres humanos, entonces ¿qué méritos tendría tal sacrificio?
  
    El Mesías murió a favor de toda la Humanidad (Jn.3.16), y en especial por los pobres y necesitados (Lc.7.22; Mt.21. 31-32), pues son más propensos a encontrar los valores del Reino de Dios porque pueden producir en ellos vidas abundantes y plenas de significado, libres de la maldad e injusticias del mundo. Además,  producen la dignidad de poder disfrutar lo que nuestro Padre Celestial nos tiene preparado  para después de abandonar nuestra morada terrestre.



domingo, 24 de julio de 2016

¿QUIÉN LE PONE EL CASCABEL AL GATO?

     Una de las desafortunadas políticas económicas del mundo es que los ricos sean cada vez más ricos a expensas de los pobres cada vez más pobres. Pero al pueblo de Dios, para poder escapar de esta siniestra actitud, le fue dado el principio de la igualdad: “Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez,  sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad,  como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos” (2.Co.8.13-15).
     
    Para obedecer este mandamiento se hace necesario que la comunidad en que se quiera implementar  sea administrada,  nunca por dictadores, pero sí por un grupo de los creyentes más espirituales elegidos cada cierto tiempo (por ejemplo cada dos años), pues las personas y las circunstancias pueden cambiar ; el Espíritu Santo guiará a la congregación hacia una buena escogencia.
  
   Con la adopción del diezmo como base de una economía igualitaria se busca que haya abundancia equitativa para toda la casa de Dios (Mal.3.10; He.3.6), es decir, que ningún creyente sincero y aprobado padezca las angustias de la pobreza cuando se puedan evitar por medio de la ayuda mutua.  Aplíquese esta norma en una comunidad de creyentes y pronto renunciarán los que no servían por amor a la causa, sino por meros intereses egoístas.
  
   Pero, ¿Quién tomará la iniciativa de reformar al monetizado e inhumano sistema religioso actual? Por supuesto que no lo harán aquellos que están acomodados en las butacas de la indolencia manipulando la débil conciencia de los que deambulan por la vida con los sentidos espirituales aletargados, a lo sumo conformes y esperanzados porque hacen parte de alguna secta o denominación muy popular.
  
   Pero sí lo harán los que se dejan guiar por el auténtico Espíritu Santo, quien es el que en nosotros  produce el querer como el hacer; además, porque “porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios”(2-Co.1.20).
  


viernes, 15 de julio de 2016

¿ESTOY BIEN ORIENTADO?

 Cuando miro hacia arriba pienso que es muy difícil llegar, y entonces me desanimo. Miro hacia abajo y siento que ya tengo lo suficiente y me lleno de vanidosa autosuficiencia. Miro después hacia los lados y creo que ellos y ellas me obstaculizan y no me permiten lograr lo que quiero…Me siento impotente, inferior. Miro entonces hacia atrás y pienso que soy el producto fatal de todo el mal que me han hecho… Me torno negativo.

   Llego entonces a la conclusión de que mejor “prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Fil.3.13-14). Fui participante del llamamiento celestial (He.3.1), lo que significa que ahora soy participante del Reino de Jesucristo (Ap.1.9)
  
 Ello se hace evidente cuando ayudo y soy ayudado, como miembro del Cuerpo de Cristo, 1-Co.12. 25-27), no solo con oración sino con todo lo que se requiera para aminorar nuestro sufrimiento y superar las adversidades de la vida, y poder disfrutar así de la vida abundante y con propósito que nuestro Salvador desea darnos (Jn.  10.10); y siendo nuestro Señor un Dios de orden, debemos organizarnos apropiadamente para ser lo más eficaces que podamos.
  
   No debemos permitir que este sublime anhelo que implica unidad real, solidaridad e igualdad (2-Co.8.13-15) sea estorbado por nadie, y menos aún por la mezquina codicia personal de algunos líderes que bien pudieran ser calificados como ministros del Príncipe de este mundo, aunque se vistan como ángeles de luz (2-Co.11. 13-15). Además, la Palabra del Reino es enfática cuando dice: “Y no participéis de las obras INFRUCTUOSAS de las tinieblas, sino mas bien, reprendedlas”  (Ef.5.11).