viernes, 2 de diciembre de 2016

COMO LA LUZ DE LA AURORA

    Digno de considerar es que un feligrés, por su carácter social, requiere de la asociación ya que solo no puede desarrollarse ni satisfacer sus necesidades, ni realizar sus deberes, ni ejercer sus derechos. Podemos hablar, pues, de un derecho natural a la asociación, que implica la facultad de realizar con otros, estable u ocasionalmente, todo tipo de actividades en pro del bien común, desde las recreativas hasta las profesionales, culturales, etc. Pero obviamente, quien haya leído 2-Co. 6.14-18 concluirá que para evitar la “contaminación espiritual” estas asociaciones solo deben tener lugar entre los mismos miembros del pueblo de Dios (2-Co.7.1).
 
    No nos engañemos ni nos dejemos engañar creyendo que en nuestras congregaciones solo hay necesidad de oración, santidad y predicación. El estar gozosos, contentos con lo que tenemos (He.13.5) no nos exime de la responsabilidad de ayudar a los hermanos “más pequeños” o “maltratados” (Mt.25.40; He.13.3).
  
  La justicia del Reino de Dios y la vida abundante que nuestro Salvador quiere para nosotros no se refieren solo a nuestro destino después de la muerte física. Por eso San Pablo dice: “…que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado,  a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada.”(1-Ts.4.11-12)

    “Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,  sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,  de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” (Ef.4.14-16)
 
   Surge entonces la pregunta: ¿Quién lo hace? La respuesta es que “al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Stg.4.17). Además, “que aprendan también los nuestros a ocuparse en buenas obras para los casos de necesidad, para que no sean sin fruto” (Tit.3.14) Obviamente que se habrá de comenzar por cosas sencillas (“la luz de justo es como la luz de la aurora, QUE VA EN AUMENTO…”) El mismo Maestro dice que “si no podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás?” (Lc.12.26). Se ejercitarán, entonces, dentro de las congregaciones, en implementar planes, programas y proyectos en los que se refleje una justicia o ética real y no imaginaria, y un amor verdadero y no solo de buenas intenciones.



viernes, 25 de noviembre de 2016

SALVACIÓN PARA MI CIUDAD

    En medio de la desesperanza de una sociedad ofuscada por la violencia, el vicio y la pobreza, y cuando pensamos que la resignación es la mejor solución que debemos adoptar, surge en el horizonte de nuestra perdida fe la visión de los frutos que ha producido a través de los tiempos, el martirio del Salvador del mundo, Jesucristo, cuyos efectos se han reflejado en el cambio positivo y mejoramiento de miles y miles de individuos y pueblos enteros
  
   Es entonces cuando resurge nuestra esperanza, especialmente al considerar que muchos habitantes de los barrios de nuestra ciudad son participantes del llamado celestial que los motiva y habilita para irradiar en nuestra comunidad la luz  transformadora del Evangelio.

   La Historia nos enseña que muchos grupos cristianos  no han sido entes pasivos a merced de la maldad e injusticia, de la explotación y la miseria, sino que “…renacidos para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos,” dicen con ánimo victorioso: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; que á su tiempo segaremos, si no hubiéremos desmayado.
 Así que, entre tanto que tengamos oportunidad, hagamos bien á todos, y mayormente á la familia de la fe.” (Carta de San Pablo a los Gálatas 6. 9-10)
 
     El sublime Maestro  dice permanentemente: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos. (San Mateo 5. 16)   Por su propia naturaleza y razón de ser la Iglesia está puesta para salvaguardar los valores de su fe, evitando así que la inmoralidad cause los estragos que estamos viendo en esta sociedad.
  
    Es aquí cuando consideramos que los cristianos tenemos ante el Estado deberes para cumplir y derechos para disfrutar, y uno de esos derechos nos da la oportunidad de crear y/o participar en organizaciones comunitarias de beneficio común, sin que tengamos que renunciar a nuestra identidad y autonomía; por el contrario, podemos enaltecer el nombre y la soberanía de nuestro Rey Salvador.
  
    Por eso, hermano y amigo cristiano, “Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes.”Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos;” como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.  Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey –en este caso, al Estado- (2-Ti.2.14; 1-P. 2. 15-17).
            


viernes, 11 de noviembre de 2016

DIGNIDAD SIN REBELDÌA

   A primera vista Ro.13. 1-7 pareciera indicar, como erróneamente afirman algunos, que Dios comparte su reinado con los gobiernos del mundo. Pero, ¿qué dice la Biblia? Veamos,  Lc.4.5-8: “Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy.  Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos.  Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.”;  Jn.14.30: “No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.”  Ef.2.1-3: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.”
    
     Entonces, ¿Por qué dice que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste?
  
   Sabemos claramente que Pedro y los demás apóstoles se opusieron con su desobediencia a cierta orden emitida por el Gobierno, y nadie los condena por ello, quedando claro así que debemos sumisión a un Estado en tanto no vaya en contraposición de los principios del Reino de Dios, sencillamente porque “es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch.5.29).
   
    A nuestro Creador le gusta el orden, no la confusión (1-Co.14.33, 40) y dispuso leyes al Universo. Así como diseñó para el hombre el instinto gregario,  también le proveyó el sentido común de la organización social. Y así como él permite, al menos por ahora, el accionar del Diablo y sus demonios, de los injustos y malvados, asimismo permite que existan reinos o gobiernos en el mundo, pero no comparte su gloria y soberanía con ellos, puesto que su “nuevo régimen del Espíritu” (Ro.7.6) es únicamente para quienes están dispuestos a obedecer la Palabra del Reino (la Biblia) en todos los aspectos y pormenores del diario vivir individual y colectivo.

   
    Es en este contexto que podemos entender que son “servidores de Dios”, cuando comprendemos que “no puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo” (Jn.3.27); de otro modo tendríamos que aceptar que gobiernos tales como el Nerón, Hitler, Lenin, etc., fueron establecidos por Dios, y eso no creo que se le pueda ocurrir a alguien con sano juicio. 

jueves, 3 de noviembre de 2016

NO SERVIR A DOS SEÑORES

   Todo cristiano, si nos atenemos a lo que dice la Biblia, está llamado a servir exclusivamente a Dios, puesto que “…a Dios lo que es de Dios y a César lo que es de César”, porque  “ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro.”; por eso, “al Señor tu Dios adorarás, y A ÉL SÓLO SERVIRÁS” (Mt.22.21; Lc.16.13; Mt.4.10).
   
   Así, pues, lo mejor y más importante y trascendente es que seamos funcionarios del Reino de Dios, y NO en otros reinos, aunque nos puedan colmar de riquezas, poder y prestigio (Mt.6.13). Pero, ¿Cómo podemos servir al Creador del Universo?
   
   Nuestro Eterno Padre dispuso para la Humanidad un magistral plan de salvación, y desea que sus devotos colaboren en la consolidación y eficacia de esta gran obra de liberación (1-Co.3.9; Col.4.11). Quiere legislar sobre su propio pueblo a través de su “nuevo régimen del Espíritu” (Ro.7.6), y ésta comunidad, creada por él y para él, requiere de servidores que diseñen, promuevan y administren su gracia por medio de proyectos, planes y programas para el bien común de sus miembros, en donde prime el amor, la igualdad (2-Co.8.13-15) y la justicia, pero nunca el engaño y la explotación.
  
   Para quienes se adhieren a nuestro Rey Salvador, Jesucristo, está escrito: “Proclamad entre las naciones su gloria, en todos los pueblos sus maravillas…Para hacer saber a los hijos de los hombres sus poderosos hechos, Y la gloria de la magnificencia de su reino.” (Sal.96.3; 145.12; Mt.5.14-16).



viernes, 21 de octubre de 2016

SIERVO MALO Y NEGLIGENTE

   Toda comunidad cristiana tiene el derecho de beneficiarse de las leyes y servicios que le ofrece el Estado con miras a la consolidación del bien común en organizaciones que reconocidas y autorizadas por el Gobierno pagan los tributos correspondientes.
  
   No hacer uso de estas herramientas es sinónimo de prevaricación, puesto que “al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Stg.4.17; Mt.25. 41-46). Sería como el siervo de la parábola que por miedo o negligencia escondió su talento sin que rindiera algún provecho (MT.25.14-30).
    
    Debemos, pues, organizarnos como verdaderos miembros del Cuerpo de Cristo para reclamar tales derechos, y no esperar vivir, por desgracia, bajo gobiernos que persigan, torturen y maten a los devotos cristianos y sean llenados nuestros cementerios con mártires que abrieron sus brazos a la muerte pero no a la vida y a la libertad cuando pudieron hacerlo.


viernes, 14 de octubre de 2016

GUSANOS DEL INFIERNO

    ¡Qué horrenda pesadilla!  ¡Poco faltó para que me diera un infarto…! Me levanté sudando, temblando; de inmediato me arrodillé para orar…   Soñé que asistí, junto con muchísimos otros habitantes de la gran ciudad, a un juicio celestial en el que un ser con ropaje resplandeciente, rodeado de muchísimos ángeles, era el Juez. Pude reconocer que se trataba de Aquel que fue, hace como dos mil años, torturado y crucificado en Jerusalén en un sacrificio voluntario  a favor de toda la Humanidad.
   
   Cada uno de las personas allí presentes desfilaban frente a éste venerable Ser para recibir la aprobación o desaprobación por sus acciones buenas o malas hechas durante sus vidas en la Tierra. Cuando llegó mi turno, en medio de la expectación de aquella muchedumbre, éste Juez se dirigió a mí, y sin reservas me dijo: ¡“Hazte a un lado, nada tengo contigo, hacedor de maldad”! Sentí como si el mundo se hundiese bajo mis pies, ¡Qué terrible! ¡Desperté aterrorizado! Durante el mes que siguió a este escalofriante sueño pensé mucho acerca de mi comportamiento como cristiano.
  
   Soy un creyente bautizado que asisto regularmente al templo, oro, leo la Biblia y creo cumplir con todos mis deberes eclesiásticos. No fumo, no me emborracho, no fornico, no… y todos los demás “no”; es más, ejerzo liderazgo donde me congrego. Entonces, si ese mal sueño era una amonestación para que yo corrigiese algo, ¿Qué sería ese algo? Mucho duré meditando, hasta que creí haber encontrado la respuesta.
  
   He llegado al convencimiento de que Dios no solo quiere que NO hagamos el mal, sino que desea que HAGAMOS EL BIEN  que esté a nuestro alcance. Que  mientras  la justicia dice que no hagamos a otros lo que no queramos para nosotros, el amor de Dios, que fue derramado en nuestros corazones, va más allá de dicha justicia, diciendo que hagamos a los demás lo que quisiéramos para nosotros. El no hacerlo puede llegar a producir en nosotros tal remordimiento, que sea similar a sentir estar siendo carcomidos por los gusanos del infierno (Mr. 9.44).
   
   El amor espiritual cristiano es mucho más que abrazos, oraciones superficiales y buenas intenciones. La Biblia dice que “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gá.6.10). ¡Y vaya que tenemos oportunidades! Porque al igual que el apóstol San Pablo podemos apelar a nuestros derechos de ciudadanía (Hch.22. 25-29) para reclamar del Estado (puesto que por ello pagamos impuestos) la defensa de nuestra vida, honra, bienes y demás derechos, como bien lo dice la Constitución Colombiana en su artículo 2º.
  
   Los cristianos también son parte de la comunidad de habitantes de este país y si como tales éstos se organizan en procura del bien común, podrán recibir del gobierno estatal  los recursos económicos suficientes para sus propósitos, sin que nadie tenga que desviarlos de los principios éticos por los que bíblicamente orientan sus vidas.  Entonces, como cristianos responsables que algún día hemos de dar cuenta por los talentos que el Salvador nos entregó para participar de su Obra, debemos conocer y dar a conocer estos derechos que nos asisten, para lograr, al menos en parte, tener la vida abundante que Jesucristo quiere para nosotros, porque “…al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.” (Stg.4. 17).



viernes, 7 de octubre de 2016

¿UN REY PAYASO?

   Cuando en su martirio estaban torturando a Jesús, se burlaban de él como si fuera un "rey payaso". Hoy en día ni siguiera hablan de él como rey, y los que lo hacen lo hacen solo como un cumplido o como adorno.
   
   No toman en serio al rey, y mucho menos a su REINO. Y lo peor, muchos se adelantan a torcer en entendimiento de la gente haciéndoles pensar que se trata sólo de algo para después de la muerte, o que simplemente es algo personal, emocional...
  
   En este orden de ideas, tenemos bloqueado el plan divino de salvación que no solo consiste en palabras y sentimientos sino en CONVERSIÓN en miembros activos del Cuerpo de Cristo, para que INTEGRADOS bajo los principios doctrinarios de su gobierno (declarados en su Palabra), podamos poner en alto los alcances de justicia a la que pueden llegar los que participan, no tanto de religiosidades infructíferas, sino de los efectos de Su soberanía en nosotros como una verdadera nación creada por el mismo Dios para anunciar las virtudes de su gobierno.