sábado, 18 de febrero de 2017

COLONIAS DEL REINO DE DIOS

   Nuestro Salvador, como Cordero de Dios, hizo méritos para ser cabeza de gobierno en el plan divino de salvación o liberación para la Humanidad. Cualquier ser humano, después de un sincero arrepentimiento personal, puede convertirse socialmente, en miembro del Cuerpo de Cristo para dar y recibir beneficios en su interacción con sus compañeros de peregrinaje (1-P.2. 11-12).
   
    La vocación de estas comunidades, actuando como colonias del Reino de Dios, en procura de una relación íntima y permanente con el mismo Espíritu del Creador es el servicio a los demás hermanos; y puesto que todas estas “colonias” tienen las mismas intenciones el  resultado es que en ellas no hay “maltratados” (He.13.3) ni necesitados(Hch.4. 34-35).
  
    Ellos reconocen a los que trabajan en la administración de la gracia divina para que desarrollen bien sus funciones, una de las cuales es la distribución equitativa (2.Co. 8.13-15) de los bienes materiales de estas comunidades. Por eso mismo rechazan a los que pretenden egoístamente, por medio de artimañas y sofismas, apoderarse injustamente de ellos  o hacer uso inapropiado de los mismos.
   
    Tienen muy presente que no deben ser cómplices de las tinieblas (Ef.5.11) ni participar en pecados ajenos (1-Ti. 5.22), pues ya conocen la malicia del Adversario, y por eso no le dan lugar (2-Co.2.11; Ef.4.27). Denunciar la corrupción y las injusticias en los reinos o gobiernos del mundo tal vez sea producto de la rebeldía; pero dentro del pueblo de Dios reprender las conductas o procederes que van en contra de los principios del Reino del Mesías es una obligación, siempre y cuando se haga bajo los parámetros indicados en las Sagradas Escrituras (Mt. 18. 15-17).




viernes, 27 de enero de 2017

VISIÓN, PASIÓN Y DISCIPLINA

    La superación personal vista desde este enfoque es también una gran manera con la que el hombre puede llegar a la esfera de lo divino. Y,  así como desde lo conceptual o teórico se puede  concretar y llegar a  conquistar grandes metas en la vida, así también el mismo Dios se ha propuesto, desde su Palabra, motivado por su inmenso amor, concretar su visión de salvación para la Humanidad, proyectando su gobierno en su propio pueblo, que ahora son sus devotos en cualquier parte del mundo. La soberanía de este nuevo régimen con cobertura en las comunidades de personas que deciden aceptarlo y consolidarlo, es lo que se denomina Reino de Dios.

     Nuestro Salvador quiere que su reinado sea hecho realidad, que sea evidente para todos en esta etapa de su desarrollo, similar al crecimiento de un árbol  (después de haber sido transferido de Israel a su Iglesia y antes de su futura y gloriosa plenitud); para ello es necesario que sus seguidores se integren unos con otros de manera organizada, como los verdaderos miembros de su Cuerpo. Porque aunque la mera palabra es “dulce al paladar” casi siempre, y la realidad dolorosa, es a través de esta (de la realidad),  con la que el pueblo de Dios, debe “anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1-P.2.9).
 
    Nuestra participación en el Reino, como la de San Juan (Ap.1.9), debe ser activa, pues debemos ser COLABORADORES de Dios (1-Co.3.9), trabajando para esta gran obra (Col.4.11)  “porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.” (2-Co.1.20). Nuestro Salvador desea que tengamos vidas plenas y abundantes (Jn.10.10). Con “acciones justas” (Ap. 19.8) seremos “dignos del Reino de Dios (2-Ts.1.5) tanto en la actualidad como en su plenitud (Mt.25.34). 



viernes, 20 de enero de 2017

EL REAL CUERPO DE CRISTO

      La comunidad de creyentes, es decir, la Iglesia, es nombrada como el Cuerpo de Cristo. Tal expresión no es mero adorno. Señala también  la dimensión social de la salvación. Sólo haciendo parte de este pueblo especial podrá una persona probar y dar carácter a su vocación de vivir bajo la soberanía del Rey Jesús,
 
     En el sometimiento a su gobierno o Reino podrá, como individuo o comunidad, “anunciar  las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1-P.2.9-10), para que “…siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,  de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” (Ef.4.15-16).



miércoles, 11 de enero de 2017

HIJAS DE LA PROSTITUTA

    Por las calles de nuestras ciudades se pasea una elegante pero siniestra dama con atavíos religiosos que le dice a una parte de  sus enamorados, (perversas e injustas personas), que disfruten de la vida lo mejor que puedan, sin importar que esté bien o mal lo que hagan, puesto que la vida es una, dice, y “muerto el perro, acabada la chanda”, como dice el refrán popular; que Dios es muy bueno como para castigar a sus hijos.
 
     A sus demás enamorados, los que son justos y nobles, los convence para que sufran con paciencia y resignación porque después de muertos entrarán a un paraíso donde hallarán alivio a todos sus males, que lo importante por ahora es que la acompañen y honren su reputación.
 
    La hermana de ésta seductora dama tiene también muchísimos amantes que suspiran bajo el encanto de sus esencias, escuchando de ella dulces palabras con las que son arrullados en las Recámaras de la Indolencia. Ella les dice que no tienen por qué preocuparse, que ya son salvos, que ya lo tienen todo, que como no son guardas de nadie,  allá cada cual con sus problemas.
 
    Estas dos coquetonas damiselas son las hijas predilectas de la Madre Apocalíptica, la gran prostituta que fornicaba  con reyes, y éstos cedían a sus caprichos de dominio y poder. Una de sus aficiones era embriagarse con la sangre de sus contradictores y danzar al ritmo de los gritos de dolor de aquellos a quienes torturaba… en nombre de Dios.



lunes, 26 de diciembre de 2016

QUIÉNES SON Y DÓNDE ESTÀN

   Los verbos ser y estar tienen diferentes acepciones según el “diccionario de la Verdad”. Una persona se caracteriza como cristiana por la evidente obediencia que profesa a los mandatos bíblicos, nunca por hacer nacido o pertenecer a un país o colectividad con el remoquete de “cristiano”.
  
    A grupos de esta clase de personas (que verdaderamente SON cristianas) nuestro Rey y Maestro invita a “ocuparse de la salvación (Fil.2.12) para que organizadamente ESTÉN en posición de alcanzar mejores niveles de vida para ellos mismos y para quienes forman parte de su gestión.
  
   “Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres. Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho. “(Tit.3.8-9).


lunes, 19 de diciembre de 2016

RELACIÓN IGLESIA-ESTADO

    El siguiente es un resumen de la postura bíblica en torno a algunos de los temas más relevantes en la relación Iglesia/Estado. Uno de los enfoques de esta relación nos lleva a considerar la política desde la perspectiva cristiana.
 
  Para ello es necesario aclarar el término “política” que, aunque complejo en sus implicaciones, podemos vislumbrarlo en sus aspectos más característicos. Dicho término se refiere a una realidad en la que todos, conscientemente o no participamos directa o indirectamente. Guarda relación con la búsqueda, ejercicio y distribución del poder, entendido como factor unificante de la comunidad, medio necesario para la realización del Bien Común. Política designa la actividad que concierne a la administración y organización del Estado en cuanto poder público institucionalizado.
 
    Por otra parte, el Reino de Dios, cuya parte humana la constituye la Iglesia, o sea la comunidad de creyentes alrededor el orbe, es singular y permanente, en tanto que los reinos del mundo son Estados temporales.
 
    Los leales a la Palabra del Reino (Mt.13.19) tenemos ciudadanía celestial (Fil.3.20) pero además también tenemos ciudadanía en algunos de estos reinos o Estados temporales del mundo, ciudadanía que nos confiere deberes para cumplir (“honrad al rey” -1-P.2.17-), en tanto no vayan en contra de los principios del Reino de Dios. De igual modo tenemos también derechos para reclamar y ejercer (“pues que por esto pagáis también los tributos” –Ro.13.6-).
 
    La no implementación de nuestros deberes y derechos nos coloca en la condición, bien sea de rebeldes (1-S.15.23), o de prevaricadores por omisión (Mt.25.14-30). Los que recibimos el llamamiento celestial para participar de la naturaleza divina (He.3.1; 2-P.1.4) no debemos “servir a dos señores” (Lc.16.13), “porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Lc.4.8); de modo que es mejor que “sirvamos bajo el nuevo régimen del Espíritu” (Ro.7.6) “con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;  el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Col.1.12-13).
  
    Mas para el cristiano que por ignorancia o por otra circunstancia ya está inmerso en un servicio que no guarda relación con su condición de “miembro del  Cuerpo de Cristo” (Ef.4.14-16) pueden resultar interesantes las palabras del apóstol Pablo cuando dice: “Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede.  ¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te dé cuidado; pero también, si puedes hacerte libre, procúralo más.  Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo.  Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres.” (1-Co.7.20-23).

    Caso diferente es el de aquello “cristianos carnales” (1-Co.3.3) que con diferentes auto-justificaciones buscan en realidad “lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús” (Fil.2.21), “que solo piensan en lo terrenal” (Fil.3.18-20). Ellos también, como todos nosotros, son libres de escoger a quién servir.
 
    Incrédulos y cristianos fieles, todos “viajamos en el mismo barco”, pues como humanidad somos parte de este mundo al que Dios tanto ama (Jn.3.16-17). El “mundo”, al que nuestro Salvador no ama es aquel estado de cosas ceñido a una escala de valores en que el amor, la verdad y la justicia no son primordiales, y en donde los que participan del mismo se oponen, abiertamente o no al señorío de un Dios personal con su plan de salvación. Empero, la relación Iglesia-Estado ha de ser de mutuo respeto y colaboración sin que pierdan identidad y autonomía a causa de concesiones, alianzas o cualquier circunstancia, en especial si va en detrimento del gobierno divino de la Iglesia, el cual, en cabeza de Jesucristo, rey salvador, sólo tiene cobertura en su santa nación, es decir, el pueblo apartado por Dios mismo para que anuncie y practique su voluntad.



viernes, 9 de diciembre de 2016

LAS TENTACIONES DE JESÚS

    Jesucristo declaró que fue enviado a anunciar la buena noticia del Reino de Dios (Lc.4.33); y quizás por ello mismo fue sometido por el Adversario a tres terribles y emblemáticas tentaciones, aun para el hombre contemporáneo.

   Convertir las piedras en pan (Lc.4. 3-4) es la tentación de los materialistas que creen que la religión es como el opio que embrutece y enajena a las personas, y que, como animal de costumbres, el hombre poco a poco mejorará con una buena doctrina de relaciones humanas y una coerción social metódica y progresiva. Pero esta visión de un paraíso sin Dios, fracasó. Hoy en día, incluso a través de descubrimientos genéticos, se hace claro que el ser humano, por naturaleza, necesita albergar en su psiquis una relación con el Infinito.

    La segunda tentación, según Mt.4. 5-7, es la de los espiritualistas que todo lo quieren dejar al cuidado de Dios sin que a ellos les cueste el más mínimo esfuerzo. Los tales no solo son tentados por el Adversario, sino que ellos mismos, en muchas ocasiones, manipulan esta debilidad humana para sacar provecho personal de estas “cegatonas y lanudas ovejitas”, a las que “prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción” (2-P.2.19)
 
    La tercera tentación es la de los que por medio de la administración del gobierno de los Estados ven las enormes posibilidades de adquirir riquezas, poder y prestigio. Es un área tan propicia a la corrupción que el mismo Adversario proclama su derecho de dominio sobre la misma (Lc.4.6). El Mesías en vez de recriminarle tan significativa pretensión lo califica como el “príncipe de este mundo”, aclarando que nada tienen en común (Jn.14.30), pero sí es contundente al afirmar que sólo al Supremo Dios en menester adorar y servir, porque de Él es el eterno Reino, con toda su gloria y poder (Mt.4.10; 6.13).