viernes, 20 de enero de 2017

EL REAL CUERPO DE CRISTO

      La comunidad de creyentes, es decir, la Iglesia, es nombrada como el Cuerpo de Cristo. Tal expresión no es mero adorno. Señala también  la dimensión social de la salvación. Sólo haciendo parte de este pueblo especial podrá una persona probar y dar carácter a su vocación de vivir bajo la soberanía del Rey Jesús,
 
     En el sometimiento a su gobierno o Reino podrá, como individuo o comunidad, “anunciar  las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1-P.2.9-10), para que “…siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,  de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” (Ef.4.15-16).



miércoles, 11 de enero de 2017

HIJAS DE LA PROSTITUTA

    Por las calles de nuestras ciudades se pasea una elegante pero siniestra dama con atavíos religiosos que le dice a una parte de  sus enamorados, (perversas e injustas personas), que disfruten de la vida lo mejor que puedan, sin importar que esté bien o mal lo que hagan, puesto que la vida es una, dice, y “muerto el perro, acabada la chanda”, como dice el refrán popular; que Dios es muy bueno como para castigar a sus hijos.
 
     A sus demás enamorados, los que son justos y nobles, los convence para que sufran con paciencia y resignación porque después de muertos entrarán a un paraíso donde hallarán alivio a todos sus males, que lo importante por ahora es que la acompañen y honren su reputación.
 
    La hermana de ésta seductora dama tiene también muchísimos amantes que suspiran bajo el encanto de sus esencias, escuchando de ella dulces palabras con las que son arrullados en las Recámaras de la Indolencia. Ella les dice que no tienen por qué preocuparse, que ya son salvos, que ya lo tienen todo, que como no son guardas de nadie,  allá cada cual con sus problemas.
 
    Estas dos coquetonas damiselas son las hijas predilectas de la Madre Apocalíptica, la gran prostituta que fornicaba  con reyes, y éstos cedían a sus caprichos de dominio y poder. Una de sus aficiones era embriagarse con la sangre de sus contradictores y danzar al ritmo de los gritos de dolor de aquellos a quienes torturaba… en nombre de Dios.



lunes, 26 de diciembre de 2016

QUIÉNES SON Y DÓNDE ESTÀN

   Los verbos ser y estar tienen diferentes acepciones según el “diccionario de la Verdad”. Una persona se caracteriza como cristiana por la evidente obediencia que profesa a los mandatos bíblicos, nunca por hacer nacido o pertenecer a un país o colectividad con el remoquete de “cristiano”.
  
    A grupos de esta clase de personas (que verdaderamente SON cristianas) nuestro Rey y Maestro invita a “ocuparse de la salvación (Fil.2.12) para que organizadamente ESTÉN en posición de alcanzar mejores niveles de vida para ellos mismos y para quienes forman parte de su gestión.
  
   “Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres. Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho. “(Tit.3.8-9).


lunes, 19 de diciembre de 2016

RELACIÓN IGLESIA-ESTADO

    El siguiente es un resumen de la postura bíblica en torno a algunos de los temas más relevantes en la relación Iglesia/Estado. Uno de los enfoques de esta relación nos lleva a considerar la política desde la perspectiva cristiana.
 
  Para ello es necesario aclarar el término “política” que, aunque complejo en sus implicaciones, podemos vislumbrarlo en sus aspectos más característicos. Dicho término se refiere a una realidad en la que todos, conscientemente o no participamos directa o indirectamente. Guarda relación con la búsqueda, ejercicio y distribución del poder, entendido como factor unificante de la comunidad, medio necesario para la realización del Bien Común. Política designa la actividad que concierne a la administración y organización del Estado en cuanto poder público institucionalizado.
 
    Por otra parte, el Reino de Dios, cuya parte humana la constituye la Iglesia, o sea la comunidad de creyentes alrededor el orbe, es singular y permanente, en tanto que los reinos del mundo son Estados temporales.
 
    Los leales a la Palabra del Reino (Mt.13.19) tenemos ciudadanía celestial (Fil.3.20) pero además también tenemos ciudadanía en algunos de estos reinos o Estados temporales del mundo, ciudadanía que nos confiere deberes para cumplir (“honrad al rey” -1-P.2.17-), en tanto no vayan en contra de los principios del Reino de Dios. De igual modo tenemos también derechos para reclamar y ejercer (“pues que por esto pagáis también los tributos” –Ro.13.6-).
 
    La no implementación de nuestros deberes y derechos nos coloca en la condición, bien sea de rebeldes (1-S.15.23), o de prevaricadores por omisión (Mt.25.14-30). Los que recibimos el llamamiento celestial para participar de la naturaleza divina (He.3.1; 2-P.1.4) no debemos “servir a dos señores” (Lc.16.13), “porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Lc.4.8); de modo que es mejor que “sirvamos bajo el nuevo régimen del Espíritu” (Ro.7.6) “con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;  el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Col.1.12-13).
  
    Mas para el cristiano que por ignorancia o por otra circunstancia ya está inmerso en un servicio que no guarda relación con su condición de “miembro del  Cuerpo de Cristo” (Ef.4.14-16) pueden resultar interesantes las palabras del apóstol Pablo cuando dice: “Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede.  ¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te dé cuidado; pero también, si puedes hacerte libre, procúralo más.  Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo.  Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres.” (1-Co.7.20-23).

    Caso diferente es el de aquello “cristianos carnales” (1-Co.3.3) que con diferentes auto-justificaciones buscan en realidad “lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús” (Fil.2.21), “que solo piensan en lo terrenal” (Fil.3.18-20). Ellos también, como todos nosotros, son libres de escoger a quién servir.
 
    Incrédulos y cristianos fieles, todos “viajamos en el mismo barco”, pues como humanidad somos parte de este mundo al que Dios tanto ama (Jn.3.16-17). El “mundo”, al que nuestro Salvador no ama es aquel estado de cosas ceñido a una escala de valores en que el amor, la verdad y la justicia no son primordiales, y en donde los que participan del mismo se oponen, abiertamente o no al señorío de un Dios personal con su plan de salvación. Empero, la relación Iglesia-Estado ha de ser de mutuo respeto y colaboración sin que pierdan identidad y autonomía a causa de concesiones, alianzas o cualquier circunstancia, en especial si va en detrimento del gobierno divino de la Iglesia, el cual, en cabeza de Jesucristo, rey salvador, sólo tiene cobertura en su santa nación, es decir, el pueblo apartado por Dios mismo para que anuncie y practique su voluntad.



viernes, 9 de diciembre de 2016

LAS TENTACIONES DE JESÚS

    Jesucristo declaró que fue enviado a anunciar la buena noticia del Reino de Dios (Lc.4.33); y quizás por ello mismo fue sometido por el Adversario a tres terribles y emblemáticas tentaciones, aun para el hombre contemporáneo.

   Convertir las piedras en pan (Lc.4. 3-4) es la tentación de los materialistas que creen que la religión es como el opio que embrutece y enajena a las personas, y que, como animal de costumbres, el hombre poco a poco mejorará con una buena doctrina de relaciones humanas y una coerción social metódica y progresiva. Pero esta visión de un paraíso sin Dios, fracasó. Hoy en día, incluso a través de descubrimientos genéticos, se hace claro que el ser humano, por naturaleza, necesita albergar en su psiquis una relación con el Infinito.

    La segunda tentación, según Mt.4. 5-7, es la de los espiritualistas que todo lo quieren dejar al cuidado de Dios sin que a ellos les cueste el más mínimo esfuerzo. Los tales no solo son tentados por el Adversario, sino que ellos mismos, en muchas ocasiones, manipulan esta debilidad humana para sacar provecho personal de estas “cegatonas y lanudas ovejitas”, a las que “prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción” (2-P.2.19)
 
    La tercera tentación es la de los que por medio de la administración del gobierno de los Estados ven las enormes posibilidades de adquirir riquezas, poder y prestigio. Es un área tan propicia a la corrupción que el mismo Adversario proclama su derecho de dominio sobre la misma (Lc.4.6). El Mesías en vez de recriminarle tan significativa pretensión lo califica como el “príncipe de este mundo”, aclarando que nada tienen en común (Jn.14.30), pero sí es contundente al afirmar que sólo al Supremo Dios en menester adorar y servir, porque de Él es el eterno Reino, con toda su gloria y poder (Mt.4.10; 6.13).


viernes, 2 de diciembre de 2016

COMO LA LUZ DE LA AURORA

    Digno de considerar es que un feligrés, por su carácter social, requiere de la asociación ya que solo no puede desarrollarse ni satisfacer sus necesidades, ni realizar sus deberes, ni ejercer sus derechos. Podemos hablar, pues, de un derecho natural a la asociación, que implica la facultad de realizar con otros, estable u ocasionalmente, todo tipo de actividades en pro del bien común, desde las recreativas hasta las profesionales, culturales, etc. Pero obviamente, quien haya leído 2-Co. 6.14-18 concluirá que para evitar la “contaminación espiritual” estas asociaciones solo deben tener lugar entre los mismos miembros del pueblo de Dios (2-Co.7.1).
 
    No nos engañemos ni nos dejemos engañar creyendo que en nuestras congregaciones solo hay necesidad de oración, santidad y predicación. El estar gozosos, contentos con lo que tenemos (He.13.5) no nos exime de la responsabilidad de ayudar a los hermanos “más pequeños” o “maltratados” (Mt.25.40; He.13.3).
  
  La justicia del Reino de Dios y la vida abundante que nuestro Salvador quiere para nosotros no se refieren solo a nuestro destino después de la muerte física. Por eso San Pablo dice: “…que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado,  a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada.”(1-Ts.4.11-12)

    “Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,  sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,  de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” (Ef.4.14-16)
 
   Surge entonces la pregunta: ¿Quién lo hace? La respuesta es que “al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Stg.4.17). Además, “que aprendan también los nuestros a ocuparse en buenas obras para los casos de necesidad, para que no sean sin fruto” (Tit.3.14) Obviamente que se habrá de comenzar por cosas sencillas (“la luz de justo es como la luz de la aurora, QUE VA EN AUMENTO…”) El mismo Maestro dice que “si no podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás?” (Lc.12.26). Se ejercitarán, entonces, dentro de las congregaciones, en implementar planes, programas y proyectos en los que se refleje una justicia o ética real y no imaginaria, y un amor verdadero y no solo de buenas intenciones.



viernes, 25 de noviembre de 2016

SALVACIÓN PARA MI CIUDAD

    En medio de la desesperanza de una sociedad ofuscada por la violencia, el vicio y la pobreza, y cuando pensamos que la resignación es la mejor solución que debemos adoptar, surge en el horizonte de nuestra perdida fe la visión de los frutos que ha producido a través de los tiempos, el martirio del Salvador del mundo, Jesucristo, cuyos efectos se han reflejado en el cambio positivo y mejoramiento de miles y miles de individuos y pueblos enteros
  
   Es entonces cuando resurge nuestra esperanza, especialmente al considerar que muchos habitantes de los barrios de nuestra ciudad son participantes del llamado celestial que los motiva y habilita para irradiar en nuestra comunidad la luz  transformadora del Evangelio.

   La Historia nos enseña que muchos grupos cristianos  no han sido entes pasivos a merced de la maldad e injusticia, de la explotación y la miseria, sino que “…renacidos para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos,” dicen con ánimo victorioso: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; que á su tiempo segaremos, si no hubiéremos desmayado.
 Así que, entre tanto que tengamos oportunidad, hagamos bien á todos, y mayormente á la familia de la fe.” (Carta de San Pablo a los Gálatas 6. 9-10)
 
     El sublime Maestro  dice permanentemente: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos. (San Mateo 5. 16)   Por su propia naturaleza y razón de ser la Iglesia está puesta para salvaguardar los valores de su fe, evitando así que la inmoralidad cause los estragos que estamos viendo en esta sociedad.
  
    Es aquí cuando consideramos que los cristianos tenemos ante el Estado deberes para cumplir y derechos para disfrutar, y uno de esos derechos nos da la oportunidad de crear y/o participar en organizaciones comunitarias de beneficio común, sin que tengamos que renunciar a nuestra identidad y autonomía; por el contrario, podemos enaltecer el nombre y la soberanía de nuestro Rey Salvador.
  
    Por eso, hermano y amigo cristiano, “Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes.”Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos;” como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.  Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey –en este caso, al Estado- (2-Ti.2.14; 1-P. 2. 15-17).